AGENCIAS PARÍS
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, se encontraba eufórico y seguro la noche del miércoles, durante la cena anual del Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia (CRIF). Incluso se levantó para saludar a su rival socialista en las próximas elecciones presidenciales, François Hollande, que le aventaja en todas las encuestas. No en balde él era el encargado de pronunciar el discurso de honor de la noche y su oponente solo estaba allí como invitado.
Sin embargo, todo se torció a los postres, cuando le comunicaron que el tribunal de Burdeos acababa de imputar al exministro de Trabajo Eric Woerth de "tráfico pasivo de influencias" en el marco de la investigación judicial sobre la posible financiación ilegal de la campaña presidencial de Sarkozy de 2007; un delirto por el que el exministro arriesga hasta diez años de cárcel y 150.000 euros de multa. La causa estárelacionada con el escándalo que rodea a la multimillonaria Lilliane Bettencourt, dueña de L'Óreal.
Durante la campaña presidencial de 2007 Woerth actuaba como tesorero del actual partido gobernante, la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP), y los jueces sospechan que recibió dinero ilegal de la heredera del imperio cosmético.
La antigua contable de Bettencourt, Claire Thibout, según recordó ayer la emisora France Info, ha confirmado haber entregado 50.000 euros en efectivo al gestor de la fortuna de la millonaria, Patrice de Maistre, quien le habría dado a entender que esa cantidad iba destinada a Woerth.
La noticia acorraló a la mano derecha de Sarkozy, autor de la controvertida reforma de las pensionoes en Francia, que tuvo que dimitir en 2010 cuando se filtraron a la prensa datos de sus relaciones con el entorno de Bettencourt.
La investigación sobre posible tráfico de influencias recibió la luz verde el pasado 31 de enero, cuando el Tribunal Supremo validó como pruebas las escuchas piratas realizadas por el mayordomo de Bettencourt, que fueron la causa de que el caso sobrepasara en 2010 el ámbito familiar y alcanzara dimensiones políticas. Esas grabaciones, realizadas durante meses a escondidas por el mayordomo de la heredera en el palacete de ésta, además de secretos familiares aportaban elementos sobre posibles evasiones fiscales y sobre sus relaciones con Woerth.
Su contenido hizo sospechar que éste le dio un trato de favor fiscal mientras estuvo al frente de la cartera de Presupuesto, y que ella pudo corresponderle con donaciones para el partido de Sarkozy.