Efe/EP/AP,
Washington/Los Angeles
Si bien los incendios están controlados en muchas partes del sur de California, el fuego sigue activo en tres de los condados afectados, con 23.000 viviendas en peligro de arder pasto de las llamas. Aunque muchos de los fuegos están controlados,
«otros avanzan sin control, y pueden provocar más daños a las propiedades»
, explica en el informe el director de RMS, Don Windeler.
Hasta ahora se ha contabilizado la muerte de siete personas, y unas 17.000 casas han sido destruidas. Además, un millón de personas tuvieron que dejar sus casas en lo que supone la mayor movilización de la historia de California y la más importante de EE UU desde el huracán Katrina, hace dos años.
Mientras los bomberos siguen luchando contra el fuego, las autoridades dicen tener pruebas de que al menos dos de los fuegos -el del Cañón Santiago y el del Condado de Riverside- fueron intencionados y han ofrecido una recompensa de unos 179.000 euros por información que conduzca a la captura de los autores. Otros de los focos surgieron después de que el viento derribara torres de electricidad.
La baja calidad del aire comienza a ser un factor preocupante, incluso cuando los incendios forestales en el sur de California han comenzado a apagarse y la población desplazada comenzó a regresar a sus hogares. El aire sigue siendo muy pobre en las Montañas de San Bernardino y en otras zonas del valle del mismo nombre, así como en algunas áreas de los condados de Orange y Riverside. En San Diego, donde sólo dos de los cinco grandes incendios forestaes han sido contenidos en un 50%, el aire era especialmente nocivo el viernes.