OTR Press/EP/AP,
Ankara/Islamabad
El Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) confirmó ayer, la víspera de que el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, se reúna con el presidente estadounidense, George W. Bush, la liberación de los ocho soldados turcos secuestrados por los guerrilleros durante una emboscada contra el Ejército el pasado 21 de octubre. La medida, ante la que el Gobierno kurdo atribuyó parte del mérito a sus negociaciones, coincide con una amenaza del propio PKK respecto ante una posible incursión transfronteriza en Iraq. Según un portavoz de los rebeldes, de producirse este despliegue, la organización
«enseñará a los turcos una lección inolvidable»
.
Ante estas idas y venidas de alarmas y resultados parciales, Bagdad sigue con su empeño por realizar acciones que demuestren su interés por poner fin a los ataques rebeldes en el norte de Iraq. Pretende responder así a las dudas expresadas por el Ejecutivo de Ankara respecto a la voluntad real iraquí.
En cualquier caso, la medida adoptada por el entorno del PKK no implica que la crisis en el Kurdistán esté cerca de solucionarse.
Por otra parte, los milicianos pro talibán liberaron ayer a 211 militares paquistaníes que permanecían retenidos desde hace dos meses en la región cercana a la frontera con Afganistán a cambio de la libertad de 28 presuntos insurgentes que estaban en manos de las autoridades. Entre los insurgentes excarcelados había algunos que estaban presuntamente relacionados con ataques suicidas.
Los soldados, secuestrados el pasado 30 de agosto en un ataque contra su convoy en Waziristán Sur, cerca de la frontera con Afganistán, fueron liberados tras las negociaciones entre los milicianos y un grupo de líderes tribales.