EFE
La República Islámica, cuyo poderío militar y planes nucleares son los que más inquietan a sus vecinos árabes, ha enviado en los pasados ocho días emisarios a casi todos los estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).
El objetivo declarado es intentar convencer a las autoridades de esos países de establecer una alianza en materia de seguridad y una zona de libre comercio con Irán, además de calmar los temores del CCG - integrado por Arabia Saudí, Qatar, Bahrein, Omán, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos- respecto a las actividades nucleares iraníes.
El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Manuchehr Mottaki, se encuentra en Kuwait, adonde llegó el sábado procedente de Qatar con un mensaje de "amistad" del presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, a los dirigentes de esas dos monarquías, ricas en petróleo y gas, según dijo el propio jefe de la diplomacia de Teherán.
Pero las visitas al CCG las abrió el propio Ahmadineyad cuando se desplazó a Bahrein el pasado día 17, antes de acudir a Arabia Saudí a la tercera cumbre de los jefes de Estado de la OPEP, donde reclamó un mayor papel "político" para esa organización.
En Riad, Ahmadineyad mantuvo contactos bilaterales con otros mandatarios del CCG, especialmente el Abdala bin Abdelaziz de Arabia Saudí, el mayor de los miembros de esa alianza económica y política árabe y el mayor productor y exportador de crudo del mundo.
El mensaje de Ahmadineyad, según dijo él también en su momento, era que "nada puede impedir la solución de cualquier problema" entre Irán y el CCG, estrecho aliado de EEUU, pues varios de sus miembros acogen bases militares estadounidenses.
"La cooperación con los vecinos es el mejor medio para impedir que los demás (en aparente alusión a EEUU) impongan su hegemonía sobre nuestra región", dijo Ahmadineyad en Bahrein.
Sus intentos de acercarse al CCG se producen después de que EEUU anunciara nuevas sanciones contra el estamento militar iraní, especialmente los Guardianes de la Revolución, y varias instituciones financieras, incluidos tres bancos.
Estados Unidos, entre otros miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU actúa, además, para endurecer las sanciones internacionales a Teherán por su negativa a abandonar el enriquecimiento de uranio.
Otro objetivo de Irán, según los comentaristas, es ofrecer ayuda a los países del CCG en su plan de desarrollar su propio programa nuclear "pacífico", asunto que centrará la Cumbre anual que esa organización regional celebrará a partir del próximo 3 de diciembre en Doha.
El acercamiento es, sin embargo, "difícil" debido a la "desconfianza, las divergencias ideológicas y las diferencias en los puntos de vista respecto a cuestiones políticas", como el conflicto árabe-israelí y las crisis en Líbano e Irak, dijo a Efe el analista económico sudanés Fatah Al Rahman, residente en Riad.
Irán, gobernado por un régimen islámico chií ultraconservador, no reconoce el Estado de Israel, rechaza la conferencia del martes en Annapolis (EEUU), y considera que este país y EEUU son sus principales enemigos.
Mientras, el CCG, con regímenes islámicos suníes, en su mayoría moderados, es aliado de EEUU y manifiesta claramente su disposición a reconocer a Israel si se retira de los territorios árabes ocupados en 1967.
"Creo que Irán quiere matar dos pájaros de un tiro: romper poco a poco la alianza entre EEUU y los países de la zona, y sentar las bases para una cooperación económica y comercial para afrontar las sanciones internacionales", señaló Fatah Al Rahman.
Al Rahman y varios analistas más también subrayan que los estados del CCG no están de acuerdo con el tono que utiliza Ahmadineyad en el contencioso por el programa atómico iraní.
En los países árabes del Golfo "saben que los llamamientos de acercamiento de Irán son para una alianza temporal, y que los iraníes tienen un plan diferente, que aparecerá en su momento", dijo un escritor y columnista saudí que pidió no ser identificado.