Efe, Sucre
De los muertos, el policía fue linchado por una turba esta madrugada, y los otros son jóvenes que fallecieron uno el sábado y otro ayer, según portavoces del hospital Santa Bárbara de Sucre.
Los enfrentamientos comenzaron hace tres días, cuando la mayoría oficialista de la Asamblea Constituyente reanudó las sesiones del foro -que llevaba paralizado tres meses- en un liceo militar y sin miembros de la oposición.
Los choques se recrudecieron el sábado y Gonzalo Durán, abogado de 29 años, murió de un disparo en el pecho. Otro joven, aún no identificado, falleció ayer a causa de un traumatismo en el tórax. Los heridos atendidos en los principales centros sanitarios de Sucre suman 130, algunos muy graves.
Recluidos en un liceo militar los oficialistas aprobaron el nuevo texto constitucional, sin leerlo y a mano alzada. Quedan pendientes la aprobación artículo por artículo y ratificación en referendo.
La nueva Constitución, con la que Morales promete «refundar Bolivia», tuvo el voto de 136 de los 255 asambleístas elegidos en julio de 2006. En aquellos comicios el partido de Morales, el Movimiento al Socialismo (MAS), tuvo el 50,7% de los votos y 137 escaños.
Toda la oposición, los líderes de varias regiones, asociaciones empresariales y otros sectores rechazaron de inmediato el nuevo texto y argumentaron que se ignoró a medio país y fue aprobado «bajo fusiles» y con «sangre en las calles».
Morales achacó a grupos de delincuentes los disturbios en Sucre, y ordenó una investigación. El ministro de Presidencia, Juan Ramón Quintana, su hombre de confianza, anunció que se ha ordenado el «repliegue» de la policía de Sucre y reiteró que no hubo órdenes de usar armas de fuego contra los manifestantes.
Una periodista fallecida
En esta tercera jornada de violencia en Bolivia, la periodista hispano-británica de la BBC Lola Almudevar y otras cuatro personas murieron también en un accidente de tráfico múltiple, en el que también resultó herido el reportero español Eduardo García Gil, de la agencia Reuters. Los periodistas estaban cubriendo los incidentes.
Los choques de ayer se concentraron cerca del cuartel donde se reunieron los oficialistas y frente a la Policía de Tránsito, cuya sede fue arrasada por más de 1.000 personas. «Evo Morales tiene las manos manchadas de sangre», gritaban los estudiantes que se enfrentaban a la policía, mientras madres desesperadas buscaban a sus hijos entre sollozos y llamadas a la calma.
Esta ciudad de centro colonial hispano, de poco más de 300.000 habitantes, ayer sin coches y apestando a gases lacrimógenos, muestra por todas partes las cicatrices de la batalla campal.