EFE
El Consejo de Relaciones Exteriores y Asuntos Generales recibirá el informe del mediador europeo en la "troika" internacional que ha fracasado en su intento de poner de acuerdo a serbios y kosovares sobre el futuro estatuto territorial de la región, Wolfgang Ischinger.
Tras cuatro meses de trabajos frustrados, el grupo formado por la UE, EEUU y Rusia dio cuenta el viernes de su trabajo al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, que, a su vez, lo presentará a debate en la reunión del Consejo de Seguridad del día 19 de diciembre, decisiva para el futuro del proceso.
Los líderes kosovares han anunciado que podrían declarar su independencia en cualquier momento una vez cerrado este capítulo.
Pero también han dicho que adecuarán sus pasos a Bruselas y Washington para una "proclamación de independencia coordinada", lo que traduciría, según algunos analistas, en esperar al menos hasta que se hayan celebrado elecciones en Serbia a principios del año próximo, para evitar un triunfo de los nacionalistas más radicales.
Mientras tanto, la UE pretende hacer frente común y demostrar la eficacia de una política exterior conjunta, además de evitar que se desencadene una situación conflictiva e incluso violenta, a través de bazas como el camino abierto hacia la futura integración en la Unión de Serbia.
Los socios mantienen posturas que van desde el apoyo a la independencia kosovar (una mayoría encabezada por Reino Unido, Francia y Alemania, en coincidencia con EEUU) a la negativa a aceptar que se fuerce a Serbia a partir su territorio (que sostienen Grecia, Chipre, Eslovenia y otros países con problemas de independentismo, junto a Rusia).
En el caso de España, la tesis oficial es el respeto a la legalidad internacional, con Naciones Unidas como árbitro de cualquier decisión, y la búsqueda de la unidad en el seno de la UE, lo que implicaría aceptar la posición mayoritaria.
Ya el llamado "plan Ahtisaari" de independencia tutelada no era del agrado de España, disgustada ante la posibilidad de que "el mapa de Europa cambie cada año", en palabras del secretario de Estado para Asuntos Europeos, Alberto Navarro, pero el Gobierno estaba dispuesto a acatarlo en aras del consenso.
No obstante, en todo momento se ha insistido en evitar paralelismos entre Serbia y Kosovo y las regiones independentistas españolas.
En estos momentos, la presencia internacional y el estatus de Kosovo están bajo el paraguas de la resolución 1244 de Naciones Unidas, que se aprobó en 1999 tras los bombardeos de la OTAN para frenar las matanzas y éxodos provocados por el ejército serbio.
La continuidad militar de la Alianza, que estableció dicha resolución, quedó garantizada el viernes pasado por el Consejo de la OTAN, que amenazó con una respuesta contundente a cualquier brote de violencia.
En cuanto a la administración ejercida por la ONU, que también se decidió en 1999, se prepara su traspaso a la Unión Europea.
Los ministros de Exteriores mañana, y los Jefes de Estado y de Gobierno en la cumbre del viernes siguiente, debatirán o incluso pueden llegar a dar luz verde a una misión policial y judicial en la provincia serbia.
Según algunos analistas, la actual resolución 1244 ofrece la posibilidad de hacer este traslado de competencias, pero en todo caso varios países desearían que la ONU se pronunciara explícitamente a favor.
La cuestión es que tendría que ser a través de una declaración "verbal" de su secretario general, ya que es complicado aprobar otra resolución en el Consejo de Seguridad, donde se da por hecho que Rusia ejercería su derecho de veto, según fuentes diplomáticas europeas.
Moscú se opone a la independencia de Kosovo por solidaridad con sus aliados de Belgrado, por temor a un efecto contagio que podría afectarles (al igual que a otras partes de Europa, advierten) y porque Kosovo sería un nuevo aliado estratégico de EEUU, cada vez más cerca de sus fronteras.
Al margen del problema de Kosovo, los ministros de Asuntos Exteriores se ocuparán mañana, entre otros asuntos, de la preparación de la Cumbre de Jefes de Estado del viernes.
El punto más problemático parece ser la definición de las características y atribuciones del "comité de sabios" sobre el futuro y los límites de Europa que propuso el presidente francés, Nicolás Sarkozy, para tratar de frenar la futura entrada de Turquía en la Unión.