EFE
"Bajo nuestro punto de vista, unas elecciones en las que cuales los candidatos se topan con trabas prácticamente insuperables en el proceso de registro, se arriesgan a no encajar en los criterios de unos comicios libres", aseguró Gross en rueda de prensa.
Además, añadió, "unos comicios en los que no se crean condiciones iguales para todos los candidatos difícilmente se pueden considerar justos", según la agencia Interfax.
Gross también criticó el hecho de que el candidato oficialista al Kremlin, el viceprimer ministro Dmitri Medvédev, se negara a tomar parte en los debates electorales.
"Los debates tienen lugar durante la campaña electoral en casi todos los países democráticos. Esperamos que esto cambie antes de la votación, ya que la voluntad de participar en los debates demuestra fidelidad a los principios democráticos", comentó.
Por otra parte, Gross lamentó la renuncia de la OSCE a enviar observadores a los comicios rusos, pero justificó esa decisión aduciendo que para supervisar un proceso electoral se necesitan 6-8 semanas.
"La observación electoral no es ni mucho menos lo que ocurre el domingo o dos días antes. La evaluación de la calidad del proceso comienza varios meses antes de la votación y es extraordinariamente importante para emitir una valoración de las elecciones", apuntó.
Gross, quien concluyó hoy una visita de inspección preliminar a Rusia, confirmó que una treintena de observadores de la PACE supervisarán las elecciones presidenciales rusas, al igual que ocurriera en los pasados comicios legislativos.
La renuncia de la OSCE a observar las elecciones presidenciales rusas fue duramente criticada por Rusia, que mantiene que esa decisión no restará legitimidad a los comicios de marzo en los que se dirimirá el sucesor de Vladímir Putin.
"Las elecciones se celebrarán independientemente de que vengan o no los observadores de la OSCE. Su renuncia no puede servir para declarar ilegítimos los comicios presidenciales", aseguró Ígor Borísov, miembro de la Comisión Electoral Central de Rusia.
El actual conflicto entre Rusia y la OSCE comenzó cuando Rusia estableció en noviembre del pasado año unas estrictas reglas para la supervisión de las elecciones en su territorio, reduciendo de más de un millar hasta menos de 400 el número de observadores y limitando notablemente los plazos de estancia.
Hace unos días, en una reunión con miembros del Servicio Federal de Seguridad (FSB, antiguo KGB) el propio Putin proclamó que Rusia no permitirá que "la marcha de la campaña electoral se dicte desde el exterior".
Según una reciente encuesta divulgada por el centro "Opinión Pública", el 82 por ciento de los rusos está convencido de la victoria en las elecciones de Medvédev, considerado el delfín de Putin.