OLGA BRIASCO VALENCIA
Malagy Gospel, creado por la fundación española Agua de Coco y la ONG de la isla Bel Avenir (Madagascar), no es un grupo surgido de un programa de televisión ni está compuesto por estrellas, sino por 39 niñas y niños de Madagascar que han sufrido algún tipo de explotación infantil o han sido discriminados por su discapacidad visual. Cuando suben al escenario esperan con ansia el aplauso, pero no por vanidad sino porque sienten que, por una vez en su vida, son alguien importante. "Cuando están en el escenario pasan de ser invisibles a ser visibles", resalta Jose Luis Guirao, presidente de la Fundación Agua de Coco y uno de los responsables de este coro. "Cuando regresen siendo los únicos que han estado en Europa, dejarán de ser invisibles en la comunidad".
Guirao resalta que han pasado de la explotación a "ser los embajadores de su país". Los niños, conscientes o no, miran el mundo occidental con cierto asombro: "Se pasan el día en la ducha, con una botella de agua en la mano, sólo quieren bañarse y tocarlo todo". Y es que, por primera vez, han cogido un avión para cruzar a un mundo completamente desconocido, un trayecto que ha durado 50 horas. "Al margen de las sensaciones en el avión, el primer día se extrañaron al ver que una persona de color blanco les servía la comida en el restaurante", explican desde la ONG.
Todos ellos provienen de los proyectos que se enmarcan dentro de su Programa de Educación Sostenible en el Sur de Madagascar: 10 jóvenes de entre 11 y 18 años provienen del Centro Tanambao I, que atiende a menores con discapacidad visual; siete niñas vienen de la Escuela de las Salinas, un proyecto de lucha contra el trabajo infantil que beneficia a 450 niños y niñas y 15 niñas (12 a 15 años) proceden de los centros sociales de Tsimenatse, Mahavatse y Amborike. "Malagy Gospel es sólo un proyecto de muchos que tenemos en marcha en la región para sacar a los niños de la miseria e integrar a los discapacitados en la sociedad", resalta comentando que "cuando un niño nace ciego, se vuelve más invisible en África".
Un grupo de 40 maravillas
La selección de los componentes se realizó atendiendo a "sus ganas de trabajar, su interés y su fuerza de voluntad" y no por sus aptitudes para el canto. El resultado es un grupo de "cuarenta maravillas" que cantan magistralmente y que componen canciones (una de ellas en catalán) sobre los derechos infantiles, la discapacidad, la integración o la esperanza. El instrumento musical es el Kabosy (parecido a la guitarra) realizado por ellos a base de troncos de madera, cuerdas de pescar y chinchetas.
Todos ellos han tenido un pasado difícil y tienen en la música su refugio y salvación: "Son incansables, pueden estar horas y horas trabajando y ensayando", explica Guirao. Según remarca, lo más complicado es trabajar con los padres: "No entienden el proyecto ni nuestra pretensión de educar a sus hijos", resalta haciendo referencia al dinero que traían los pequeños a su casa con su trabajo.
Para hacer entender a los padres de la importancia de la educación, la Fundación Agua de Coco ideó una estrategia: "Les explicamos que los pequeños que están en la escuela tienen la comida asegurada" y "los padres aceptaron". De esta forma, se aseguraban que los niños podían recibir una formación adecuada.
El objetivo de la gira es concienciar a la sociedad sobre el problema de la explotación infantil ya que afecta a más de 215 millones de menores de todo el mundo. "Es una lástima que las personas sólo se sientan comprometidas co una causa cuando se conmemora ese días", dice con cierto pesar y afirma que "la solidaridad debería ser un estado de ánimo, como la felicidad".