OLGA BRIASCO VALENCIA
Un grupo de niños palestinos han disfrutado durante tres días en las instalaciones del Centro de Educación Ambiental que tiene Caja Mediterráneo en Venta Mina. Durante su estancia, se han alejado de los videojuegos, de la televisión y del bullicio de la ciudad para contemplar las constelaciones bajo un cielo raso, conocer la biodiversidad del Mediterráneo, hacer barranquismo o respirar el aire puro de la montaña. Pero también se han divertido con los talleres y han aprendido a convivir con el resto de sus compañeros y amigos.
Los menores, de entre 7 y 13 años, son hijos de palestinos afincados en Valencia y llegaron al Cemacam Venta Mina para "pasar unos días en convivencia con otros niños" y "aprender jugando", explica Tamer Hamdal, uno de los monitores del centro. En un principio -según explican desde la CAM- en el campamento también iba a participar un grupo de niños que viven en la franja de Gaza a través de la organización Valencia Solidaria pero "han tenido problemas con el visado y su llegada se ha retrasado".
Pese a ello, el campamento ha seguido su programación y los pequeños han disfrutado como nunca. Una de las actividades que más expectación causó fue el planetario, donde aprendieron las principales constelaciones y conocieron las historias que se esconden tras la Osa Mayor y Menor, Casiopea o los diversos significados de la Vía Láctea. "La verdad es que estuvieron muy atentos y muchos de ellos sabían situar el Norte", comenta Tamer, que en los próximos meses comenzará la carrera de medicina, confesando que "algunos habían participado en los talleres que Cemacam realizó conmemorando el año de la Astronomía". Pero, sin duda, lo que más les gustó fue la excursión nocturna para ver "in situ" lo aprendido en el planetario ya que "pusieron a prueba sus conocimientos" y, para muchos de ellos, "era la primera vez que veían tantas estrellas".
Al rescate de la ardilla
Los pequeños aventureros también disfrutaron con la excursión del río, donde tomaron muestras de agua para hacer análisis químicos y bacteriológicos con el fin de que "conozcan la situación de nuestros ríos y la biodiversidad que hay en ellos", explicó el joven mientras su compañera, Sandra Rodríguez, enfatizaba: "¡Nadie se ha caído!". Durante el trayecto, encontraron una ardilla recién nacida en el suelo y "todos se pusieron a su alrededor para mirarla" pero el grupo tuvo que dejarla allí porque "temíamos que, al tocarla, su madre no la reconociera y la abandonara", comentó el joven sobre un incidente que causó cierto revuelo.
La otra anécdota la protagonizó el agua. "Antes de comenzar la excursión por el barranco del Carcalín todos preguntaron si se bañarían y cuando les dijimos que desde hace muchos años está seco, no nos creían", resalta el joven sobre la actual sequía.
Según explicó, la convivencia fue muy buena y, algunos de los pequeños, aprovecharon el tiempo libre para hacerles preguntas sobre su país: "Hay algunos que sienten curiosidad sobre la situación de Palestina pero hay otros que, al haber nacido en Valencia, sienten más lejana esa problemática", comenta Tamer, que llegó a España en 1996, cuando tan sólo tenía seis años.
Pese a que era muy pequeño cuando vino, confiesa que "me acuerdo de muchas cosas y cogí parte de mi cultura", algo que también le ha ocurrido a su primo Magued -que también estaba en el campamento-, y pese a su corta edad, "me hace preguntas que ni yo sé contestarlas".