O. BRIASCO VALENCIA
Cuando un niño nace, comienza a existir para la familia pero no para el gobierno. Su vida se desarrolla al margen de un sistema que no le ofrece derechos y queda expuesto, con mayor facilidad, a la explotación laboral, el reclutamiento para las fuerzas armadas, el matrimonio infantil o a la violencia sexual ya que "no tienen ninguna prueba de que existan". Su única valía es su fuerza interior y la esperanza de que, algún día, sea reconocida oficialmente su identidad. En palabras de la Directora Ejecutiva de Unicef, Carol Bellamy, "el certificado de nacimiento es uno de los trozos de papel más importantes que una persona pueda poseer".
El registro de nacimiento es un documento con el que un Gobierno reconoce legalmente la existencia de un menor como miembro de una sociedad. Esta práctica habitual en los países desarrollados, es poco usual en el África subsahariana o del Asia meridional (especialmente en Bangladesh), donde hay una falta de costumbre de inscribir a los niños en el registro cuando nacen. Según datos aportados por Unicef, aproximadamente 51 millones de niños nacidos en 2006 carecen de un certificado de nacimiento; de los cuales, el 44% vive en Asia meridional. La entidad matiza que "los datos son inevitablemente aproximados por la naturaleza misma del problema" por lo que "puede ser de dimensiones mucho mayores de lo que indican los cálculos debido a que los niños que nacen al margen de la sociedad (los que nacen en sus casas, en el seno de una etnia, en un lugar aislado,...)".
Desde Unicef también remarcaron que, según datos de 2006, en uno de cada tres países en desarrollo, las tasas de inscripción de los nacimientos son inferiores al 50%. En África, dos de cada tres niños menores de cinco años no han sido registrados. Además, se calcula que en China hay 6 millones de niños sin dicho reconocimiento.
"Las razones que los padres citan con más frecuencia para no inscribir a sus hijos al nacer son el costo y la distancia hasta los centros encargados de esta tarea", recoge un informe de Unicef, que incide en que "muchas madres solteras no inscriben a sus hijos por vergüenza o porque piensan que sólo se puede registrar al niño si los padres están casados". Estos casos, sobre todo, se produjeron en la guerra de Vietnam y en Venezuela, donde "las mujeres que viven en parejas de hecho no pueden inscribir a sus hijos sin el consentimiento de su padre", hecho que no siempre se da.
Para que los niños estén al amparo del derecho fundamental a tener una identidad oficial, un nombre reconocido y una nacionalidad, entidades como Unicef e Intervida llevan a cabo campañas de sensibilización entre la población de países como Camboya, Níger, Indonesia, Turquía, Nicaragua o Rwanda pero también para que los gobiernos se impliquen en la causa y hagan llegar la importancia del registro de nacimiento.