OLGA BRIASCO VALENCIA
Las noticias que llegan de Pakistán muestran una región sumergida en una espiral de violencia y una población civil que se mantiene inmóvil ante los bombardeos. Pero es una realidad sesgada donde no se explican los sentimientos encontrados de unos desplazados que trasiegan en pos de un lugar en el que guarecerse. "Las personas son muy cálidas y generosas, dan lo poco que tienen para compartirlo con personas que no conocían", explica Antonia Paradela, oficial de comunicación de la oficina de Unicef en el país.
Paradela, natural de México pero de padres gallegos, lleva tres años en Pakistán y confiesa tener un sabor "agridulce" del conflicto ya que "te sientes impotente en muchas ocasiones" pero también "ves que los pequeños tienen una oportunidad dentro de la tragedia". Esa esperanza -según relata- se siente cuando una niña es la primera que va a la escuela de su familia, cuando dos niños se divierten con juguetes con los que no tendrían acceso si este conflicto no existiese o cuando una madre soltera accede a los servicios sanitarios. "Es bonito ver como, en medio de este conflicto, los pequeños tienen y encuentran su espacio para vivir su infancia", resalta.
Éstas son algunas consecuencias de los combates entre el ejército y militantes vinculados al talibán de Pakistán y que han obligado a dos millones y medio de personas -dos tercios son menores- a huir de sus casas y establecerse en los campos, donde entidades como Unicef trabajan para asegurar que acceden a los servicios sanitarios y cubren sus necesidades.
Esa huida no es vista por los menores "con trauma" ya que, desde su posición, ha podido hablar con pequeños que han tenido que salir de sus hogares con la ropa puesta, que han visto morir a su padre o madre o que han perdido a su hermano en un bombardeo. Todo ello lo ven "traumatizados pero aliviados de estar fuera del conflicto", confiesa elogiando "su capacidad de sobreponerse".
La voz de Paradela se llena de emoción cuando habla sobre la hospitalidad y generosidad de las personas e intenta acercar cómo viven: Hay familias que viven de forma muy modesta, quizá en una casita de barro con dos habitaciones y un patio interior y habitan hasta 50 personas. También las hay que sufren la crisis económica y que el único pan diario que tienen lo comparten con otras personas. De hecho, gracias a que muchas personas han abierto sus puertas, "sólo el 15% de los desplazados ha ido a los campos". Estas historias, humanas y mundanas, las conoce gracias a su condición de mujer porque "tengo acceso al mundo de los hombres y al de las mujeres, que apenas salen de casa y me dejan entrar a sus hogares". Además, la reciben "calurosamente", algo que a Paradela le sigue embargando de felicidad.
Pero su situación es un hecho aislado porque "en las zonas más conservadoras de Pakistán tienen muy poco acceso a la vida pública las mujeres", denuncia la periodista, quién resalta que "cuanto más pobre es la sociedad, menos espacio tiene". De hecho, en algunas aldeas, "es imposible contar cuántas mujeres hay en la calle porque no las ves".
Esa vulnerabilidad de la figura femenina se manifiesta más en las mujeres viudas porque, al no tener acceso a la educación ni oportunidades laborales, "dependen de la generosidad de la familia de su marido. Por eso, es tan importante garantizar que los mecanismos sociales del país les lleguen o que las personas que se ocupen de ellas les aseguren los servicios sociales que necesitan", enfatiza sobre un trabajo que llevan a cabo Unicef.
La vulnerabilidad de los niños
Además, resalta que "Pakistán es un país donde hay muchos retos y es importante proteger a los niños de las continuas amenazas", comenta sobre la posibilidad de que las niñas se casen antes de los 18 años o que grupos de pensamiento muy radical capten a los niños o hagan creer a su familia que los llevan a la escuela coránica.
Es precisamente en estos aspectos donde Unicef centra su trabajo humanitario en la región: "Unicef ayuda a los afectados por el conflicto en los campos de desplazados pero también a las ciento de miles de familias que han encontrado refugio en hogares", explica sobre el apoyo prestado en áreas como la salud infantil, campañas de vacunación, ayudas a las madres embarazadas, el establecimiento de escuelas primarias, la provisión de agua potable, saneamiento o letrinas.
"Estamos en una situación muy compleja". Así resume la periodista la realidad que vive el país: Muchas personas han regresado a sus hogares y necesitan ayuda para poder hacerlos habitables pero también hay que asistir al millón de pakistaníes que permanecen en los campos y atender a los nuevos desplazados de conflictos de zonas muy puntuales y poco accesibles. "Es una situación imprevisible pero esperamos que vaya mejorando, que accedamos a las zonas que necesitan nuestra ayuda y que son de difícil acceso y que tengamos los fondos para poder asistir a los niños", sentencia.