G. S. VALENCIA
Inmerso en la actualidad de un país tan pequeño como cambiante en los últimos tiempos y prudencialmente alejado de la política valenciana, el periodista José Luis Sanz analiza la actualidad de El Salvador, donde vive, y la de una Comunitat, de la que no se siente "desarraigado" pese a la distancia.
En su documental, "15-3-2009. La última ofensiva" cuenta el acceso al poder, por primera vez en la historia, de la izquierda en el Salvador a través del FMLN que, además, está presidido por un ex periodista. ¿Cuál es el estado de salud de la profesión allí?
Funes era en su época el único referente de un nuevo periodismo. Cuando yo llegué allí, hace 10 años. Hombres como Carlos Dada o Héctor Silva querían hacer el mejor periodismo posible". Algo que era necesario porque la labor de traducción de la realidad era imprescindible porque tenías a un país donde unos no entendían a los otros tras una guerra que había durado 12 años (1980-1992).
¿Qué factores fueron determinantes para el cambio?
Uno de los decisivos fue que por primera vez parecía que la izquierda se atrevía a gobernar pues desde 1999 la derecha ya daba síntomas claros de desgaste. Además, el día de las elecciones la gente acudió en masa, algo que es característico de los salvadoreños que presumen de haber votado incluso bajo las balas como pasó en 1984. Allí la abstención es baja pese a que mucha gente pobre se desplaza largas distancias para emitir su voto.
¿Cómo ve desde la distancia a la política y la sociedad valenciana?
En El Salvador el país está en manos de la gente, no de los políticos. A mi me genera tristeza volver a Valencia y encontrarme con la podredumbre de la política, con su corrupción y con la falta de alternativas. Gran parte de la sociedad hace una crítica muy fácil, muy trágica, pero se compromete muy poco. Y por eso, cuando vengo me canso muy rápido y me entran ganas de irme. Además, regreso a un país al que quier0 y que es adictivo porque todo pasa muy a flor de piel.