13 de abril de 2015
13.04.2015

Alcaraz logra activar a toda la plantilla con las rotaciones

Planea cinco cambios para el derbi tras la derrota contra el Sevilla - La ausencia de un once fijo mantiene alerta a los titulares e incentiva a quienes se quedan fuera

13.04.2015 | 04:15

Cinco cambios se planteaba ayer Lucas Alcaraz en la alineación que saltará a Mestalla, respecto a la que cayó contra el Sevilla el martes pasado. Cuatro nombres habían cambiado precisamente para ese partido después de golear al Almería. No hay premios ni castigos en los esquemas del entrenador del Levante, un hombre que ha conseguido otorgarle una identidad al equipo, paradójicamente, desde el cambio constante. La única certeza, antes de cada encuentro, es la ausencia de ellas. Una afirmación revisable, quizás: Mariño y Barral prevalecen, suceda lo que suceda. También Morales, aunque va saltando de puesto en puesto en función del último jugador lesionado. El resto del equipo fluye por todos los estamentos entre el titular indscutible y el relegado irremediable.

Un caso paradigmático, en este sentido, es el de Ivanschitz. Hasta hace un par de jornadas, el centrocampista cumplía su labor de olvidado con estricta regularidad. Ante el Almería, sin embargo, saltó un abismo hacia el once inicial y no solo eso: acabó el partido con una actuación memorable. Unos días después volvió a quedarse al margen del encuentro y Alcaraz barruntaba devolverle la titularidad para el derbi. Aunque, quizás, el mejor representante de esta transición interminable sea Camarasa. El canterano estaba en el mercado en invierno, en busca de minutos de madurez, algo que acabó encontrando en el centro del campo del Levante, como valor insustituible hasta que se lesionó ante el Real Madrid. Hoy estará en el banquillo tras finalizar el periodo de recuperación

Es cierto que al afrontar esta semana el técnico advirtió de las necesarias rotaciones para paliar el cansancio del equipo, pero para explicarse la metamorfosis inacabada del conjunto, siempre a un paso de encontrar el once definitivo, hay que ir más allá.

Tras el partido contra el Almería, por ejemplo, Rubén reconocía a este periódico que no le había sorprendido en absoluto la alineación, pese a que hombres con una participación escasa hasta entonces, como José Mari y el propio Ivanschitz, se hicieron con un papel protagonista.

La afirmación de Rubén desvela que en el vestuario han comenzado a metabolizar las intenciones del entrenador: no hay un grupo intocable ni un jugador desheredado, tan solo la necesidad de cambio para que el sistema siga funcionando.

El técnico parece haber conseguido el delicado equilibrio en el que los titulares se mantienen siempre alerta sobre el campo, conscientes de que la distancia con la grada es muy corta, y de la misma manera lo perciben quienes se quedan en el palco cada fin de semana: la puerta giratoria está en marcha tras cada partido. Esta percepción, claro, la otorgan la buena serie de resultados que acumula el equipo en los últimos meses. Las buenas sensaciones contra el Sevilla, pese a la derrota, las victorias ante el Eibar y contra el Granada y, ante todo, el extraordinario encuentro frente al Almería, en el que se había señalado como el partido más trascendental de la temporada en un momento crítico.

Ahí cuajó todo el ideario de Alcaraz y, tras semanas de interrogantes sobre su modelo, se observó que lo interesante en él es que los jugadores son intercambiables. El reverso de la moneda lo padecen hoy jugadores como Xumetra, excluido por segunda convocatoria consecutiva, o David Navarro, quien parece que volverá a quedarse en el banquillo. Ambos gozaban de un estatus relevante en la alineación hace apenas unas semanas. Si ambos buscan argumentos para el optimismo solo tienen que hacer un repaso a los casos contrarios: Toño, El Zhar, Ivanschitz, Casadesús, Vyntra, José Mari, Camarasa e incluso Sissoko. En diversos momentos de la temporada todos ellos parecía orillados y al final resultó que estaban calentando en la banda.

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