18 de abril de 2015
18.04.2015
Liga

La pena sincera de Caicedo

El delantero ecuatoriano, héroe de la permanencia de 2011, no celebra su gol y pide perdón a la grada, que lo aplaude tras ser sustituido en la segunda mitad - Sergio García, otro exgranota, participa en los dos tantos de su equipo antes de otro final de infarto

18.04.2015 | 00:55
La pena sincera de Caicedo

«Uno nunca debe volver a los lugares en los que fue feliz», se afirma en ese tratado sobre la memoria y la nostalgia que es la película Roma. Anoche en Orriols, Felipe Caicedo se frenó en seco antes incluso de que su perfecto golpeo superara la oposición de Mariño para alojarlo en la escuadra, en el minuto que más duele, antes del descanso, en un lugar en el que fue feliz, ante una afición a la que libró de unos sufrimientos que han vuelto.

Por eso el gesto „a veces tan desgastado y manoseado„ de pedir perdón del delantero ecuatoriano quedó, sin duda, sincero. A Caicedo le pasaron por la cabeza los veloces fotogramas de la primavera que recondujo su carrera futbolística en Europa, en la campaña 2010/11, cuando recaló en el Levante UD procedente de un Manchester City con excedente de talento. Felipao fue el estilete goleador del equipo entrenado por Luis García Plaza que, a puro nervio, trasladó al césped aquel lema de «La unión es la salvación». Una máxima que vuelve a invocarse cuatro temporadas después.

Caicedo tuvo como socio a otro viejo conocido «granota», como Sergio García. En su recuerdo aparecen las greñas puntiagudas con gomina y los 21 años de una promesa del FC Barcelona que buscaba una cesión con la que ganar experiencia en la elite. Reforzaba a un Levante UD que también se sentía novato, en la primera temporada (2004-05) en la máxima categoría tras 41 años. Encontró la complicidad de Schuster y fue un actor clave en el fulgurante mes de octubre azulgrana, antes de que todo se torciera. Sergio ha encontrado en el Espanyol el lugar en el que sentirse el líder indiscutible que desequilibra partidos. Ayer participó en el inicio de los dos goles de los blanquiazules, con su movilidad entre líneas. La desesperación por el resultado no evitó la muestra de gratitud por los servicios prestados. Así, cuando en el minuto 60 Caicedo fue retirado, la grada de Orriols encontró un buen motivo para el aplauso, correspondido con las palmas que el ecuatoriano había ahorrado en su triste gol. En su lugar entró otro ex de ilustre recuerdo como Stuani.

La melancolía con la que avanzaba el partido dio paso a otro final abonado a la épica. Cuando Víctor Casadesús embocó la volea del 2-2 se pensó en una nueva remontada, que quedó en un punto para seguir respirando.

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