26 de enero de 2016
26.01.2016
Liga BBVA
Levante UD 32Las Palmas
 

Una tregua para la esperanza

Dos goles de Morales y uno de Deyverson encienden una luz en el túnel - Rossi levanta en pie al Ciutat en su estreno con una jugada sensacional

26.01.2016 | 12:36
Una tregua para la esperanza

Una noche para creer. La valentía de Morales, el nervio de Deyverson y la calidad de Rossi bastaron para apaciguar los nervios y sacar adelante tres puntos vitales ante Las Palmas, un rival directo por la salvación. Una victoria balsámica que dibuja en el rostro del levantinismo una sonrisa de alivio y esperanza tras un partido que se jugó como una final.

El exquisito gusto por el balón de Las Palmas se plasmó pronto sobre el césped. Quizá en exceso, porque el equipo de Setién llegó a abusar de la posesión sin atreverse a probar fortuna con disparos, aparentemente, sencillos. El talento de Valerón, Tana y Viera, sumado a la velocidad explosiva de Wakaso, se convirtió en una amenaza para la portería de Mariño. Ante ello, el Levante UD, superado por la presión ambiental, se limitó a defenderse con una línea de seis o siete futbolistas en la frontal del área. Con Lerma y Verza responsables de las labores de creación, el juego granota llegó con cuentagotas. Sólo Morales, siempre eléctrico e imprevisible en la banda izquierda, fue capaz de tambalear el partido. Sus centros, aun sin rematador, visibilizaron que además de calidad, el equipo canario padece de una flagrante fragilidad defensiva. La prueba de ello llegó en el minuto 25, después de que Deyverson, de nuevo en su versión más entregada, forzase una falta cerca del borde del área. Verza sacó a relucir entonces el guante que esconde en su bota derecha con un lanzamiento impecable que superó la barrera y se estrelló en el palo derecho de Varas. La zaga amarilla se quedó dormida, mirando cómo el rechace caía en los pies de Morales. El madrileño remachó a placer para romper el maleficio de las primeras partes en Orriols, poner en ventaja al equipo de Rubi y prolongar su idilio con el gol „cuatro en los últimos tres partidos„.

El tanto azulgrana alentó a la grada. Un soplo de aire fresco en medio de la acongojante bruma. De repente, Lerma, Camarasa y Verza multiplicaron la intensidad del juego y la presión y con el partido algo más bronco, el fútbol delicioso de Las Palmas dejó sitio a la furia y el nervio granota. Sin embargo, los de Gran Canaria reaccionaron. En un despiste de Toño, Viera asistió a Tana, liberado dentro del área tras ganar la espalda de Feddal. Mariño evitó el empate con una parada de reflejos que provocó más de un suspiro. Sólo fue un aviso, porque al saque del córner, David Simón perdonó el gol de la igualada en un remate de cabeza franco.

Antes del descanso, con el partido revuelto y sin patrón alguno, Pedro López pidió el cambio por unas molestias en la rodilla izquierda. Un nuevo contratiempo para Rubi.

Una segunda parte frenética

Al volver de los vestuarios, todavía con más de un despistado degustando el bocadillo, Deyverson se sacó de la chistera un remate de su inimaginable repertorio. El brasileño está casado con el gol. Un matrimonio extraño en el que no parece haber amor. Pero ahí están los números. Lerma peinó de espaldas y «el Canguro» se acomodó el cuero con la izquierda con un toque sutil para inventarse un tiro cruzado que batió a Varas y sacudió los cimientos del Ciutat.

En cambio, el éxtasis del 2-0, que prometía una noche festiva y plácida „por fin„ para el levantinismo, se desvaneció sesenta segundos después. Willian José recogió un balón perdido en la media luna del área, con la retaguardia del Levante UD algo perdida, y con la pierna izquierda dibujó el 2-1. Un estético lanzamiento ante el que nada pudo hacer Mariño.

Con este apretado marcador, la tensión se apoderó del duelo. En un pase largo, Xumetra „la apuesta de Rubi en detrimento de Cuero„, consiguió avanzarse a Varas en un balón dividido fuera del área. El portero derribó al gerundense y el colegiado señaló la falta antes de amonestar al meta. La jugada encendió los ánimos en Orriols y desembocó en una de esas amarillas inexplicables y tontas que suele ver Deyverson por buscar el lío.

Llegó entonces Morales. Irrumpió por el costado izquierdo como una exhalación, se apoyó en Deyverson para que se la devolviera de primeras y el canterano dejó atrás a toda la defensa amarilla. Control, conducción, regate y la cabeza alta. Morales se plantó, escorado y sin ángulo, sólo ante Varas. Resolvió con su duende, con arte, para llevar al electrónico el 3-1.

Pero con el gol no llegó la calma, porque tres minutos después, un garrafal error entre Mariño y Feddal a la hora de despejar un centro de Wakaso sirvió en bandeja el 3-2 a Willian José, atento para pescar en el río revuelto del segundo palo. A falta de veinte minutos para el final y con una ventaja tan estrecha para el Levante UD, la batalla sobre el rectángulo de juego se libraba entre los nervios y el miedo.

Sucedió entonces, en el 74. Rossi calentaba en la banda y Rubi creyó que era la hora de «Il Bambino», goleador en sus estrenos con Manchester United, Parma y Villarreal. La grada del Ciutat se entregó al italoamericano con una emotiva ovación. Rossi se ubicó como referencia en el ataque, con Deyverson por detrás, y unos instantes después, iluminó la fría noche valenciana. Aprovechó un rechace en un despeje en el centro del campo, se hizo con el balón, se zafó de un defensa con un sombrero irrepetible, controló con la cabeza y encaró a Varas con todo el estadio en pie. Su tiro, cuando acariciaba el gol soñado, se tropezó con el inoportuno pie del portero. La jugada merecía otro desenlace, pero dejó en el aire flotando la sensación de que sí, de que con Rossi todo es posible. Al final, una media salida fallida de Mariño casi acaba en tragedia, mientras Deyverson ensució su partido con una expulsión infantil. Aún así, ayer fue la noche. La noche de la tregua para la esperanza.

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