12 de febrero de 2016
12.02.2016

Palmeras sanas, fachadas enfermas

El gobierno de Teulada achaca la tala que ha indignado a los vecinos a que las washingtonianas impactaban con los tejados y hacían caer cascotes

12.02.2016 | 04:15
Palmeras sanas, fachadas enfermas

Las palmeras del centro histórico de Teulada estaban sanas y robustas. Quizás demasiado robustas. El gobierno de Teulada, del PP, se ha afanado en explicar que las ha talado (en dos días 21 palmeras acabaron serradas y troceadas) porque hace 17 años se plantaron muy arrimadas a las casas. Cuando han cogido altura, han ocasionado daños en las fachadas de las viviendas. Además, en los días de fuerte viento, al balancearse, sus copas impactaban contra los tejados y balcones. Caían cascotes y cristales a la calle. El gobierno local temía que algún viandante acabara descalabrado.

El alcalde, el popular Carlos Linares, quiso dejar claro en el pleno de ayer que su gobierno no le ha cogido manía a las washingtonianas. Leyó un informe firmado por dos técnicos, uno de ellos el de medio ambiente, que incide en que los ejemplares talados no estaban catalogados ni protegidos por las leyes de patrimonio natural. La especie Washingtoniana robusta es originaria de México.

Los técnicos subrayan que las palmeras no cumplían lo que establece el Código Civil sobre los árboles. Diecinueve de ellas no guardaban con las casas la distancia mínima legal de dos metros.

Achacan a estos ejemplares las «grietas, desconchones y humedades» que sufren las fachadas de al menos seis casas. En el informe, los técnicos incluyen una fotografía de las losas nuevas que un propietario ha colocado en el recibidor de su casa. Ese vecino asegura que las raíces de una washingtoniana levantaron el antiguo pavimento.

El informe también advierte del «estrechamiento de la calzada» que provocaban las washingtonianas y sus alcorques.

Plantadas en 1999, los propios vecinos regaron al principio las palmeras para que arraigaran. Le daban vida a la calle. Cuando esta semana los operarios empezaron a talarlas, hubo vecinos que denunciaron que se estaba cometiendo un «atentado ecológico». Pero las palmeras estaban sentenciadas. Los técnicos consideraban que se comían las fachadas y que, al final, le tocaría al ayuntamiento apoquinar por los daños.

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