16 de febrero de 2016
16.02.2016
Accidente

El kitesurfista accidentado: "Pensé en mi hija y en que tenía que salir de ésta"

El hombre al que el viento arrastró 275 metros tierra adentro en Dénia tuvo la sangre fría de maniobrar para aterrizar de la mejor manera

16.02.2016 | 11:24
F.M. D. , recuperándose en el Hospital Clínico de Valencia.

El pie izquierdo destrozado, 70 grapas en la cabeza y un ojo morado. El kitesurfista que el domingo fue arrastrado 275 metros tierra adentro por un ráfaga de viento en Dénia se recupera de sus heridas en el Hospital Clínico de Valencia consciente de que su forma de actuar le ha salvado la vida. Y es que F. M. D. tuvo la sangre fría de maniobrar con la vela en pleno «vuelo» para intentar salir del aterrizaje en las mejores condiciones posibles, por él y por su hija. «Me vi ahí y pensé en mi hija de 7 años y en que tenía que salir de ésta. Tenía que buscar el mal menor. Quizá otro se hubiera bloqueado. A mí me salió bien». Recién operado del pie –tiene roto solo un hueso pero los cortes son múltiples y profundos– explica con detalle desde la cama del Clínico cómo vivió el accidente a causa de una inesperada racha de viento «según me han dicho de más de 100 kilómetros por hora».

«Llevábamos una hora navegando en condiciones normales el grupo de amigos que nos habíamos trasladado a Dénia, en el que había incluso niños. Pero en un momento se formó algo inesperado y lo vi venir: era una racha de viento fuerte», relata. Por su experiencia (practica windsurf desde el año 1992 y lleva 7 años con el kitesurf), F., fue consciente pronto de lo que se le venía encima y le dio tiempo a llegar a la arena y a quitarse la tabla.

Esquivando edificios de 5 plantas
«Ahí, en un segundo, el viento me alcanzó y me elevó 10 metros en un segundo. Tenemos la suelta de seguridad de la vela pero, teniendo la mano en ella, no me dio ni tiempo a accionarla», comenta. El viento le arrastró y, en el camino, viendo pasar «vallas y piscinas vacías» tuvo el aplomo de reaccionar para darle más potencia a la vela y lograr esquivar los edificios contra los que se dirigía peligrosamente, dos de cinco plantas.

«El primero lo pasé hasta con holgura, estaría a 18 metros del suelo. El segundo me costó más y lo pasé rozando». Una vez superado, la ráfaga perdió potencia y decidió dejarse caer sobre un techo de tejas. «Eso me ha salvado la vida, me amortiguó bastante aunque, por contra, al arrastrar me corté la cabeza y el pie», explica. De hecho, golpe en la cabeza no se llevó pero se levantó el cuero cabelludo con las tejas «como si fuera un sioux», bromeaba ayer.

No perdió el conocimiento y logró incluso bajar a una terraza secundaria, que estaba en un segundo piso, dejándose caer por una antena. «Intenté primero hacerme un torniquete con un cable, pero no pude, así que me dejé caer como pude» después de palparse y comprobar que tenía mucha sangre en la cabeza y el pie destrozado «pero nada más».

Desde allí pidió auxilio y, realmente, era su día de suerte: un bombero de Valencia en su día libre le había seguido con su coche tras ver el incidente y le atendió rápidamente haciéndole primero un torniquete con una bolsa y cubriéndole la gran herida de la cabeza con su camisa. «Sí tuve suerte. Lo cierto es que al ser bombero tenía muy claro qué hacer».

Lo de volver al kitesurf todavía no lo tiene claro. «Me encanta el mar pero primero tengo que recuparme. Además gracias a Dios tengo muchas aficiones y el tiempo lo dirá», razonaba ayer.

Pese a la gravedad y espectacularidad de su accidente, F. M. D. quería ayer lanzar un mensaje para descriminalizar el kitesurf como un deporte de riesgo. «Ha sido un accidente como puede pasar en otros deportes. Si fuimos a Dénia era porque habíamos consultado antes las condiciones meteorológicas y eran las adecuadas. Eso sí, es un deporte en el que necesitas ir hacer tus cursos y tener dos dedos de frente».

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