19 de junio de 2016
19.06.2016

El aquelarre de la "nit de focs" en Xàbia

El municipio mantiene el ritual de prender hogueras en las desaparecidas puertas de su muralla medieval

19.06.2016 | 04:15
El aquelarre de la "nit de focs" en Xàbia

Sant Joan lejos de la playa. En la localidad de la Marina, los vecinos son convocados para festejar la noche más corta del año en el centro histórico

Un aquelarre luminoso, mediterráneo, multitudinario. En Xàbia, la noche de Sant Joan se vive con una magia especial. Los vecinos no se van a la playa a encender hogueras. En este municipio se mantiene un rito mucho más ancestral. El solsticio de verano se celebra a lo grande. Todo el pueblo se echa a la calle a saltar las fogatas que se prenden donde antiguamente estaban las puertas de la muralla medieval.

Los «focs» de Sant Joan son desde 2012 fiesta de interés turístico de la Comunitat Valenciana. El origen de esta celebración se remonta, como poco, al neolítico. La noche más lejana de la de Navidad, la más voluptuosa y diabólica, también la más corta del año, se vive en este municipio, ahora inmerso en plenas fiestas de Fogueres, como un exorcismo colectivo. Por la mañana, las reinas de les Fogueres ya cumplen otro rito pagano, pero absorbido por el cristianismo. Le ofrendan «raïms» y «bacores» (los frutos tempranos del verano) a Sant Joan. Por la noche, todo se torna magia. Miles de personas, con la cabeza adornada con coronas de guirnaldas (se trenzan con «clematis flammula» o vidriella), saltan las hogueras, comen «faves torrades», asisten a la «cremà» de la hoguera de trastos viejos y acaban la noche con un «correfoc» en el que frenéticos demonios se mueven al son de tambores, «tabals» y «dolçaines».

El ritual es ancestral, pero la fiesta de los «focs» de Xàbia se consolidó no hace tanto, en los años 70. Ya en los 90, la peña l'Escaldà dio un nuevo impulso a esta tradición. Se encargó de acumular la leña de las fogatas y de dejar en cada rincón del centro histórico las guirnaldas que los vecinos recogen para hacerse las coronas. A partir de ahí, la fiesta ya fue imparable. Esa noche, una multitud recorre en una festiva y pagana procesión las calles que antiguamente estaban extramuros. Todos saltan las hogueras. Los más valientes lo hacen cuando las llamas, que atraviesan, están todavía bien altas.

Esa noche, Xàbia vive una catarsis. La noche del solsticio de verano convoca espíritus benefactores. Triunfa el exorcismo del fuego. Los rituales del neolítico, el dar las gracias por una buena cosecha, también sirven para la actualidad. El sol, en una comarca que vive del turismo, y la fiesta siguen moviendo el mundo.

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