Nuevos modelos

La financiación colectiva

La financiación colectiva o «crowdfunding» gana terreno en España, aunque sigue muy lejos de las cifras de negocio de Europa. Hasta 47 plataformas ofrecen a emprendedores, creativos y artistas la posibilidad de obtener recursos que ahora no llegan de los bancos o las instituciones públicas para poner en marcha sus proyectos.

25.11.2013 | 10:44
Una de las cartas que han inspirado "El último abrazo".
Una de las cartas que han inspirado "El último abrazo".

o hace muchos meses el periodista y guionista Sergi Pitarch Garrido hubiera peregrinado por las instituciones tradicionales para tratar de obtener los recursos necesarios para poner en marcha su último proyecto audivisual. Pero «El último abrazo», un cortometraje documental que narrará la historia de los españoles republicanos que huyeron de la represión franquista y sufrieron también la crueldad de los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial, será una realidad gracias a las aportaciones económicas realizadas por casi un centenar de mecenas particulares a través de la plataforma digital de mecenazgo o «crowdfunding» Verkami. «Hace algunos años llegaron a nuestras manos dos cartas fechadas en 1946 en las que el autor mostraba su deseo de quitarse la vida tras haber sufrido las desdichas de las dos guerras y haber perdido a toda su familia», explica Pitarch. El proyecto pretende reconstruir la vida de este personaje en el contexto de su época y mostrar las dificultades por las que pasaron muchos otros españoles de su generación.

«Nosotros ya habíamos participado como mecenas en otros proyectos, como el de Escola Valenciana, y vimos que la del mecenazgo podía ser una opción de éxito», relata el promotor de este cortometraje. Con el grifo de las subvenciones del IVAC y otras instituciones cerrado, la búsqueda de alternativas a la financiación era la única salida. El pasado jueves, «El último abrazo« anunció que ya había recaudado el presupuesto mínimo para poner en marcha el equipo de trabajo, aunque su plataforma Verkami aún tiene abierto el plazo hasta el 11 de diciembre para recibir aportaciones. Entre sus principales mecenas figura un importante empresario de la Comunitat Valenciana al que no conocían, que se ha interesado por el proyecto y que prefiere mantenerse anónimo.

La suya es una de las muchas iniciativas artísticas, empresariales o de corte social que han encontrado en las plataformas de «crowdfunding» una alternativa a la sequía crediticia y de financiación que vive la economía española y valenciana en particular. Todavía incipientes y poco maduros en España, el micromecenazgo y el «crowdfunding» se abren paso poco a poco. El año pasado movió unos 9,7 millones de euros, según datos del portal Infocrowdsourcing, que ha realizado un estudio a partir de la información facilitada por las 47 plataformas que ha detectado en el país (62 sumando Latinoamérica). Las cifras no se corresponden con el peso que España tiene en Europa, donde este negocio movió en 2012 un volumen de 735 millones de euros, con un crecimiento del 65 %, según un estudio de Massolution. A nivel global, la financiación colectiva mueve anualmente unos 2.000 millones de euros.

No obstante, la sequía de financiación procedente de los bancos y los cauces tradicionales explica el crecimiento constante de las plataformas colectivas en España. Lanzadera, el proyecto de apoyo a jóvenes emprendedores del presidente de Mercadona, Juan Roig, no dudó en incluir en el reducido grupo de iniciativas seleccionadas en la que ha sido su primera edición a Inventure Cloud. Se trata de una plataforma algo sui generis porque pretende convertirse en un mecanismo que permita a los usuarios diseñar colectivamente los productos que les interesan, financiar su fabricación y recibirlos cómodamente en casa. Inventure Cloud acaba de ser seleccionado para participar en el Web Summit de Dublin. Actualmente su primera campaña de captación de financiación está ligada al desarrollo de un juego de cartas y dados.

Los proyectos de carácter tecnológico, por el conocimiento del medio y los canales existentes, son los que más peso tienen en el universo de la financiación colectiva. Además de la catalana Verkami (más centrada en proyectos creativos) Goteo es una de las plataformas más activas y empleadas en España. Sus iniciativas abarcan desde el sector tecnológico hasta proyectos de diseño, sociales o solidarios. Está gestionada por la Fundación Fuentes Abiertas e incluso se está extendiendo más allá de la red a través de oficinas de asesoramiento físicas.

A nivel internacional, Kickstarter es uno de los mayores focos de generación de proyectos tecnológicos, aunque impide financiar empresas, solo iniciativas en fase muy inicial. Por contra, Crowdfunder es otra plataforma muy dirigida a la financiación de empresas y negocios. En ellas participan inversores, pymes, grandes compañías y también «startups» o empresas que acaban de ponerse en marcha.

Otra plataforma española es Lánzanos, una de las pioneras en el país, muy enfocada hacia los emprendedores que quieren presentar sus proyectos. Está en funcionamiento desde 2010.


Las cuatro patas de la financiación colectiva
Las plataformas de financiación colectiva no actuan de forma altruista. La mayor parte de ellas obtiene un porcentaje del dinero recaudado que suele rondar el 5 %. Muchos de estos portales realizan procesos previos de selección de los proyectos que reciben, analizan sus posibilidades de éxito y, en ocasiones, asesoran y aconsejan a sus promotores cambios o recetas en la forma de presentación para hacerlos más atractivos. También es habitual que se tengan en cuenta los antecedentes de los promotores de proyectos. No hay peor percepción para el consumidor o mecenas que la idea o negocio que ha apoyado no se ponga en marcha. El «crowdfunding» tiene cuatro patas diferenciadas o tipo de financiación. La hay de préstamos, en la que el financiador se garantiza que su aportación le será devuelta con un interés moderado. Este es el modelo de negocio con más desarrollo en la actualidad. La participación es otra fórmula, según la cual el que hace la aportación se queda con una parte del accionariado de la empresa o de los beneficios que genere. Las fórmulas de mecenazgo clásico se dividen en dos: las de donación, en las que no se recibe nada a cambio, y las de recompensas, en las que los promotores del proyecto entregan a cambio regalos o copias de sus creaciones o iniciativas artísticas o audiovisuales. Las plataformas dirigidas a empresas «startups» son las más numerosas debido a las dificultades que empresas de nueva creación tienen para encontrar financiación clásica.

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