18 de mayo de 2018
18.05.2018
OPINIÓN

Pura obsesión

18.05.2018 | 10:10

Conforme pasa la legislatura, Sr. Leandro, me deja perplejo la continua obsesión hacia mi. Está perdiendo el horizonte y esta obsesión no le deja ver la realidad y le lleva a que, pleno a pleno, termine metiéndose conmigo y le da lo mismo el ámbito particular o el político.

En el pleno del 10 de mayo, se vio a un alcalde muy nervioso, pues no hay que obviar los problemas y pleitos judiciales que le están viniendo encima, a los cuales también hay que sumar los procedimientos sobre la licencia del Edificio Piscina del Canto o la concesión del derecho de superficie a Camarena, entre otros.

Durante los siete años que dirige nuestro municipio, ha puesto todas las trabas habidas y por haber, en todos los temas mios y de mi familia. A pesar de las dificultades, no me he doblegado ni ante usted ni ante el anterior secretario municipal, que era el que durante cuatro años fue su apoyo incondicional y en este tiempo aprobó ese maravilloso contrato del servicio jurídico municipal.

Pero claro está, usted nunca asume la culpa ni se disculpa y mucho menos pedir perdón. Lo más fácil es excusarse en los demás y, en este último pleno, insinuar que uno de los presentes denuncia de forma anónima a la Fiscalía. Todos nos dimos cuenta que esas desafortunadas palabras iban contra de mi.

Se equivoca de estrategia. Yo tengo el valor para decirle que sí he ido a la Fiscalía en varias ocasiones, una de ellas la semana tras las elecciones de 2015, cuando querían quitarme el acta de concejal por unas deudas, cuando resulta que se ha demostrado que quienes debían eran ustedes, aunque a fecha de hoy seguimos sin cobrar, pero no tengo nada que ver con estos casos concretos que a usted se le están juzgando.

Todo lo que le ocurre es fruto de su mala gestión, pues al mes siguiente de salir elegido alcalde, le aconsejé que no entrara al juego del secretario municipal, pero, por lo visto, su actitud ha sido distinta y ahora se le amontonan los problemas. Le aconsejo, que cambie de actitud, pues ese nerviosismo no le deja ver la realidad y esa obsesión contra mi persona.

Ha pensado que estas denuncias anónimas vengan de alguien de su partido, con quien usted no se haya portado bien o le moleste su posición actual. También en el resto de la corporación, somos ocho grupos, que de una forma u otra, alguno haya podido decir basta. «La obsesión le está haciendo perder el control».

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