Abrumados a diario por las cifras negativas que nos presentan los expertos en la materia y la falta de cintura para ilusionar a la parroquia de los políticos, al menos nos hemos encontrado con la expléndida noticia de la reducción espectacular de fallecidos en las carreteras en el mes de septiembre. Ni más ni menos que 114 personas se han salvado de morir en el asfalto respecto al mismo periodo del pasado año, algo que no ocurría desde 1962. Efectivamente nos hemos hecho mucho más responsables al volante ante tanta sangría los fines de semana -por cierto el pasado domingo no murió nadie en España-; el temor a perder el carnet ha contribuido lo suyo, y las cacareadas detenciones por negligencias graves también. Pero no podemos olvidar el azote que han recibido las economías domésticas en septiembre, mes complicado por excelencia y agravado por el precio del combustible y el acongojo general por el futuro. Mucho me temo que ha frenado la euforia dominguera por salir huyendo de la ciudad y en consecuencia el tráfico rodado ha sido infinitamente menor. Tampoco podemos olvidar esa bajada del 43% del mercado, que supone miles de vehículos menos en las carreteras. Sea como sea, al menos se nos ha dado un dato positivo en este tenebroso panorama. Y es que hasta aquí ha llegado el clamor de los presidentes de las multinacionales desplazados al Salón del Automóvil de París para que los políticos europeos ayuden a devolver la confianza de los consumidores en los mercados e intentar parar los descensos de las ventas generalizados. Al mismo tiempo, reclaman claridad en las futuras políticas medioambientales que también influyen en las decisiones de compra. Pero mientras tanto, nos encontramos con los bancos cerrados al crédito al consumo, la gasolina por las nubes y las bicicletas batiendo récords de ventas. Aun así debemos recargarnos de ilusión y confianza para salir de esta.