Vivimos en un país donde el desvío provisional dura años -por la lentitud de las obras-, o el perdone por las molestias es permanente. Nos hemos convertido (los automovilistas) en ciudadanos estoicos que no nos atemoriza casi nada, y sobrellevamos con pundonor las perrerías a que nos subyugan los poderes políticos. No se libran de este estado los empresarios que nos venden los vehículos y que se encuentran, en este momento, en una situación de depresión muy importante. Pues bien, ha sido una semana de infarto para todos ellos, ya que, por unos y por otros, han visto paralizadas sus ventas diarias a la espera de saber las rebajas fiscales que podrían aplicarse en cualquier momento. Sabida es la necesaria ayuda de incentivar el mercado valenciano, especialmente, y la aprobación, por parte de la Generalitat, de 1.000 euros en un plan Prever la semana pasada -matices aparte-, también es de sobra conocida la reacción del Gobierno de Zapatero, ampliando a 2.000 euros a los pocos días. Pero con él llegó el escándalo. Aquello de que toda la culpa de nuestros males es de Zapatero, siempre me ha parecido empecinado, pero en este caso lanzó una oferta a un mercado ávido de descuentos y rebajas, sin calibrar las consecuencias que traería hasta su plasmación. A partir de ese momento, no se realizó una sola operación vinculada a este nuevo plan de ayudas, con el consiguiente colapso mercantil. Tras la lluvia de críticas mediáticas recibidas, las protestas del sector y el reconocimiento de algunos de su equipo, rectifica y lanza una nueva rebaja de 1.500 euros que costearán entre fabricante y Gobierno central; eso si no cambia de parecer. En estos momentos, los valencianos compraremos desde mañana con un descuento de 2.500 euros (Gobierno más Generalitat), siempre que sean modelos incluidos en el plan. Pero la cruz es para los concesionarios que van a tener que financiar esa diferencia hasta que les pague la Administración. Perdonen por las molestias.