No me refiero a que sea escaso o desdeñable -2.500 euros como en Alemania-, que no lo es para los valencianos, pero sí engorroso para los que lo han de soportar en sus depauperados bolsillos mientras se los abonan las distintas administraciones. Produce estupor oir al ministro de Industria, Miguel Sebastián, decir que los fabricantes están adelantando el dinero del Plan Prever para la compra de vehículos, pero aún resulta más grotesco oir a la consellera nuestra, Belén Juste, que nadie está adelantando el dinero. ¿Cómo se regulariza entonces? Desde la aprobación a primeros de mayo de dichos planes de ayudas, los compradores tienen el derecho a ellos y los exigen a su vendedor; el concesionario. Éste, sólo tiene dos caminos; o no vende el coche, o le descuenta el importe establecido y lo reclama a la administración central, por un lado, y a la autonómica, por otro. Existe una tercera vía, algo complicada, que es la de aceptar por parte del comprador que le devuelvan dicha cantidad cuando la reciba el vendedor. La realidad, por desgracia para el sufrido sector de la distribución, es la de soportar la financiación de las sumas que se van acumulando en estas ventas, precisamente, cuando andan todos resfriados y muy cortos de tesorería. Las ayudas cuando se aprueban deben venir acompañadas por la normativa correspondiente, y que no paguen los platos rotos de la ineficacia e improvisación de las administraciones siempre los más débiles. En estos momentos hay un auténtico caos entre los empresarios que venden muchos coches de este tipo y que no pueden financiar más dinero del que ya tienen en sus balances. Sabida es la presión de las marcas sobre ellos y escasez de beneficios en las ventas, dejándoles todo su posible margen a final del ejercicio, pero sólo les faltaban las ayudas del Plan.