Menuda se ha liado por una tuerca mal puesta. Precisamente, ese es el arte del político falaz, que sabe donde apretar o tensar en el momento adecuado para los fines establecidos. Pero nunca se había dado la carambola en el entramado de la F1, como para que sancionaran al equipo donde milita Fernando Alonso, y no poder correr en Valencia, o que a Ferrari le faltara uno de sus pilotos —con el morbo del asturiano de por medio—, o que, casualmente, el culpable de la guerra, equipos-organización, fuera el artífice de la infracción. No les quepa la menor duda que no dejar correr a Alonso en nuestra ciudad, cosa improbable, es la bofetada del presidente de la FIA, Max Mosley, al instigador Flavio Briatore. Y a Bernie Ecclestone, le ha pillado con estos pelos. Mientras tanto, las taquillas del circuito de Valencia siguen en la mayor sequía conocida, no sólo por sus errores en la política de precios, sino también, por la falta de claridad de noticias de los que vendrán y correrán. Sin entrar en los errores antiguos, hay que tener muy claro que tenemos a la vuelta de la esquina una carrera de F1 por las calles del puerto, y eso es algo grande e importante, ya veremos quienes y por qué, son los responsables de los disparates. Ahora lo que interesa es saber que podremos volver a ver al grandioso Michael Schumacher, 7 veces campeón del mundo, rodando por el puerto, por el desgraciado accidente que padeció Felipe Massa. Pero a nadie escapa la influencia de la alonsomanía en las taquillas, y es por ello, que estoy convencido del cambio de sanción tras la apelación, de multa dineraria importante, por la prohibición de participar en la próxima carrera, o sea, Valencia. La chulería de Mosley ha chocado con la mala suerte del fanfarrón Briatore y con un juez tan especial como Ecclestone. Seguro que llegan a un acuerdo los tres magníficos.