Las personas con cierta sensibilidad suelen ser apasionados de la pintura, la música, la vela, la pesca o hasta de los deportes de motor con su ruido incluido. Pero he de reconocer que uno se lleva sorpresas descubriendo gente de mucho renombre que acuden de incógnito a las carreras de F1, como es el caso del dueño del Corte Inglés, Isidoro Álvarez, mientras que las organizaciones tienen que pagar a la mayoría de los famosos para que se paseen por el paddock, se pongan morados de todo, y no sepan ni a que han venido. Menos mal que esto no les ocurre a nuestros políticos, que saben muy bien a lo que van y lo que tienen que decir. Sirva para muestra nuestro Gerardo Camps, que no se pierde ni una sólo de las carreras del mundial de motociclismo, más que por fuerza mayor, ayudando a pie de pista a Jorge Martínez Aspar, ya sea en Europa, en Asia, o en el mismísimo Indianápolis de EE UU. Y es que entre la hospitalidad del de Alzira, y por aquello del que paga manda, viaja más que el baúl de la Piquer. No sé si corren a su cuenta los viajes, o sí es cortesía del Team Aspar por ser patrocinador con la palmera de Turisme, Generalitat Valenciana, pero dado su cargo de servidor público, debería pensar que, en los dos casos, no es muy acertado en estos momentos, con la que está cayendo. Los adictos a cualquier tipo de manifestación deportiva, que además, ostenten cargos públicos que deciden a quién ayudan o no con el dinero de los contribuyentes, no sólo deben de serlo, sino parecerlo. Ahora, nuestra clase política es apasionada del mundo del motor. Vamos, hasta los que no saben lo que es una rueda entienden hasta de Keers -sistema para dar más potencia a los F1 en unos segundos-. Al menos queda uno, que sepamos, auténtico apasionado del motor hace años e íntimo de Aspar, que no ha asistido a la F1 en Valencia: Alfonso Rus ¡Que listo!