Hay que ver lo árduo de conseguir abrirse camino y buen nombre en el mundo de los automóviles, y lo fácil que es perderlo. La marca japonesa fue todo un ejemplo en aguantar el chaparrón hace algo más de una década, cuando los turismos nipones no los aceptaba el mercado americano ni el europeo, vamos que tenían fama de blandengues. Nissan acabó en las manos de Renault, Mitsubishi en las de Daimler-Mercedes, Mazda en las garras de Ford, y así prácticamente todas, a excepción de Toyota, que pudo mantener su independencia, no sin la ayuda del gobierno nipón. Su aterrizaje en nuestro país de la mano de un importador fue lento pero seguro, llegando a situarse definitivamente con la compra del negocio por parte de la marca. Premios, galardones, y cerca de 70.000 turismos vendidos hasta 2007 les hizo elevarse a los altares de la prepotencia, que ahora purgan por necesidad, más el aliño de la crisis que padecemos. Nos llama poderosamente la atención, ver como una firma de esta envergadura, puede marcar un hito retirando la friolera de 688.314 turismos defectuosos en el mercado Chino; o el llamamiento de alerta por parte del Instituto Nacional del Consumo y la Unión Europea, por defectos en los cubos de ruedas del modelo Aygo. De la misma manera, nos turba comprobar la cantidad de quejas de usuarios en la red y en los blogs, acerca del producto, del servicio y de la atención al cliente, cuando hace muy poco tiempo era todo lo contrario. Si analizamos los números de Toyota en España, vemos que su mercado ha descendido a la mitad —vendían en 2007 66.000 turismos frente a los 34.000 de 2008—, pero en lo que va de año, la provincia de Valencia lleva un descenso en ventas del 35%, cerca de 11 puntos por encima de la media. Imagino que influyen personas, políticas de empresa y otros, por encima del producto.