Para que la larga lista de nuestros políticos puedan seguir yendo hasta la misma puerta del restaurante en su vehículo oficial, con su chófer y guardaespaldas de rigor, se ha aprobado la nueva Ley de Tráfico, justificada bajo la teoría de la no reincidencia y la óptima recaudación. El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha dejado claro que «la administración no multa por placer, sino para que no lo volvamos hacer», resaltando que cuanto más cerca esté la sanción de la infracción, mayor es su valor pedagógico. Y me pregunto; ¿por qué llegan con casi un año de retraso las multas? incluidas las del ayuntamiento, con lo cerca que lo tenemos, o ¿por qué sancionan varias veces en el mismo punto una llamada de teléfono? o lo más sangrante, ¿por qué quieren llevarse con la grúa los coches de la zona azul por falta de pago, sin molestar a nadie más que a sus arcas? A otro perro con ese hueso. Por más verborrea que lancen en sus discursos, aquí no hay más que un descomunal afán de recaudar, sobre algo que nos tiene a casi todos atrapados. La nueva legislación nos ofrece grandes descuentos por pronto pago(50%), facilidades como la Visa, internet..., pero nos recortan en las notificaciones —dos en lugar de tres—; los morosos no podrán vender el coche y por lo tanto pagar las deudas; el exceso de velocidad empieza a contar a partir de un Km/hora en lugar de diez, o la grúa se podrá llevar nuestro coche si se nos olvida poner el papelito de pago. Por más que lo quieran pintar, Rubalcaba incluido, y las promesas de que el dinero recaudado irá para la prevención de accidentes de tráfico, esto tiene toda la pinta de voracidad recaudatoria de lo poco que les queda por exprimir. Lo que no han calculado es que entre la crisis, los carnés que retiran por infracciones y los precios desorbitados de las mismas, se van a encontrar con una España embargada, con los coches en las bases de la grúa y con el cobrador del frac.