La nueva campaña de la Dirección General de Tráfico ha utilizado el lema «Todos sabemos como pararlo», para concienciarnos de que no utilicemos el móvil al volante, ya que la mayoría de los accidentes se producen por distracción. Naturalmente que distraerse con el teléfono o con cualquiera de los artilugios que lleva hoy un automóvil, puede ser el desencadenante de un golpe, pero proceder contra ese fea costumbre de ir hablando, como si la gravedad fuera extrema, y de paso llenar las arcas, se me asemeja a un cinismo sin límites, y lo que es más grave, a un desconocimiento total del problema del tráfico. Como todo en política, lo único que dominan es el arte de sancionar al ciudadano en lugar de prevenir, educar, y concienciar. Saben perfectamente desde hace muchos años que se venden miles de vehículos al mes, que van a parar a las calles y carreteras; saben que eso significa miles de conductores rodando —con sus despistes incluidos—, de la misma manera que son sabedores de las víctimas diarias y del dolor de las familias (de esto no estoy tan seguro). Y todo lo que se les ocurre es ponernos trampas escandalosas para cazarnos a más velocidad, o freírnos a multas por utilizar el móvil, y así pararemos los accidentes, según ellos. No se lo creen ni ellos. Reducir más aún la velocidad máxima es ridículo en muchos casos para los coches de hoy en día; y si quieren de verdad plantearse las distracciones vía aparatos, hagan un análisis completo de los elementos que distraen en la conducción. ¿Quieren que les diga como pararlo? Tan sencillo como que obliguen a que la gente aprenda a conducir; sí, a conducir; no a aprobar el carnet. Conducir es dominar la máquina, es saber controlar cuando derrapa por un descuido, circular con agua, barro, o nieve, o simplemente saber frenar. Dejen ya de cacerías y de tonterías de parar los coches, y tomen en serio este grave problema que cuesta muchas vidas.