Esta semana se ha aprobado la nueva ley de Tráfico por la que se replantean varios conceptos punitivos anteriores, y que en estos momentos no son más que meras sanciones pecuniarias. Nos parece perfecto que la ley se vaya amoldando a la realidad social, nada más loable, siempre y cuando no se cometan injusticias. Por que, ¿cómo vas a justificar ahora ese permiso de conducir retirado basado en pérdidas de puntos sobre infracciones que hoy no conllevan más que el pago de la multa? Ahora resulta que aquello que nos vendieron como horrible para un conductor, como parar en el carril del autobús, y por lo que nos costó perder los puntos suficientes para apartarnos de la conducción, con el consiguiente trauma -psicólogo incluido-, va a tener una sanción administrativa más. Y es que, por más que lo disfracen, no hay nada peor que un cuchillo en manos de un niño. La nueva legislación nos va a favorecer en algunos aspectos, sobre todo los tecnológicos para nuestra información, pero no se hagan ilusiones ya que siguen sin entender la realidad social de los conductores y, mucho menos, la situación de sus infraestructuras. Al menos nos quedará la comprensión -cuando la haya- del agente de turno. Los bandazos, también sancionados como conducción temeraria, es lo habitual en ellos. Algo similar está ocurriendo entre los compradores de vehículos con derecho a acogerse al Plan Prever, ya que se están encontrando con la grotesca situación de no saber sí su coche nuevo recibirá las ayudas del gobierno o no. El sistema de prorrateo para conceder dinero a los concesionarios en función de sus ventas, ha dado como resultado que unos dispongan aún para abonar la ayuda al comprador, y otros ya no puedan ofrecerla. Todo indica que seguirán las dotaciones presupuestarias para este tipo de apoyos a la venta de coches, pero mientras tanto, habrá que ver donde compramos y que bandazos damos.