Si hace unos años alguien hubiera dicho que un patrón español iba a ser un personaje imprescindible en la F1, a ciencia cierta que lo hubiera tildado de loco. No hubiera sido para menos imaginar que un banco financiaría dos de los equipos punteros de esta elitista competición. Y si no que se lo digan a Emilio de Villota —primer español en la F1—, que le sacó algunas pesetas a aquel Banco Ibérico por motivos familiares. Daba gusto ver a Emilio Botín al lado de Hamilton inaugurando sedes en Londres, o con el equipo Ferrari y su Alonso del alma, todo ello en rojo. Si a esto le añadimos el fichaje de De la Rosa por BMW Sauber, o el equipo de Adrián Campos que ya ha pasado el «crash test» obligatorio para poder correr, hay que reconocer que estamos de moda en ese exquisito mundo de la alta competición. Botín ha marcado el camino a las grandes empresas de nuestro país de la importancia de invertir en un deporte de alta tecnología, y en el que españoles, empezando por Alonso, han abierto una importante brecha. A nivel deportivo estamos que nos salimos: títulos, equipos, patrocinadores españoles, es la clara muestra de la apuesta por este deporte y por esta modalidad. Otro rojo, pero muy distinto, es la situación en la que vive Valencia y su aportación a la F1. Desde la empresa Valmor que capitanea Jorge Martínez «Aspar» y que, según parece, pasa por dificultades y estrecheces económicas, hasta el contrato firmado por Canal 9 para la retransmisión de las carreras de F1 cuando está prácticamente en quiebra técnica, crean una situación de incertidumbre. Por algún motivo, Aspar y la empresa Media Sports —de la Sexta—, que, por cierto, fue la que registró el nombre de Valencia Street Circuit en el 2008, se llevan muy bien. Ahora resulta que su amigo y ex presidente de la RTVV, Pedro García, les deja un legado de ruina para todos los valencianos.