Los galardones que designan a un vehículo como Coche del Año, tienen variadas e interesantes interpretaciones; desde los intereses profundos de publicaciones afines a alguna marca, pasando por los especializados votantes independientes -que nunca lo son-, o los más imparciales por recaer toda la autoría en los consumidores. Precisamente, este es el caso del otorgado por Editorial Prensa Ibérica (grupo al que pertenece Levante-EMV), junto a La Vanguardia y Autofácil, que busca el voto de los lectores -caiga quién caiga- para premiar los esfuerzos de los fabricantes a través de un determinado modelo. El afortunado en esta edición ha sido con total merecimiento, dada la diferencia de puntos sobre el segundo, el Opel Astra que, a la cuarta generación ha conseguido llegar de lleno al complicado mercado y a los miles de votantes-lectores que han decidido su elección. El recién llegado director general de Opel España, Enrico de Lorenzi, no lo ha podido hacer con mejor pié, y tras una dura etapa al frente del mercado griego, será el encargado de situar a la marca en el lugar que le corresponda en nuestro país. Premios y profesionalidad no le faltan. Pero aquí no acabó la fiesta, ya que BMW con su presidente, Eduardo Villaverde al frente, recogió el Premio a la Comunicación Publicitaria, basado en la creatividad y acierto de sus campañas; y como Premio Extraordinario, el Banco de Santander, por su importante aportación e inclusión en el elitista mundo de la F1. Emilio Botín, alonsista y forofo donde los haya, fue el que recogió el galardón, nada habitual en él que delega en la mayoría de los casos, pero que quiso acercarse por un rato al sector del automóvil. Y no sólo por ser una de las industrias más importantes del país -aporta el 3,5 del PIB- y dinamizador del empleo, sino también por esa enorme capacidad demostrada en aguantar el chaparrón en épocas de fuerte crisis. Todos son "Coche del Año".