Esta semana comienza la operación salida del mes de vacaciones por excelencia y, por desgracia, a pesar de haber descendido un 53% las víctimas mortales en accidentes de tráfico, siguen cayendo una cifra excesiva. La Unión Europea que se planteó rebajar a la mitad las muertes en el 2001, y que alcanzará el 40% este año, sigue muy preocupada por descender esos escalofriantes datos otro 50% hasta el 2020. Para que se hagan una idea, estamos hablando de que fallecían 113 personas por millón y se ha logrado rebajar en el 2009 a 69. Pero aún así, estamos con 35.000 muertos en Europa al año, y más de 2.500 en España, todo ello sin contar los terribles efectos colaterales, como son los lesionados con incapacidades permanentes. La dureza de las sanciones —muchas veces excesiva e injusta— unida a la concienciación de los conductores y a la renovación del parque automovilístico —coches nuevos mucho más seguros—, ha dado como fruto estas estadísticas tan halagüeñas. A pesar de ello, la comunidad europea gasta 130.000 millones de euros en paliar esta tragedia, y quiere tomar medidas urgentes que rebajen las cifras. El control de estabilidad, las ayudas a las frenadas de emergencia, o dispositivos que avisen de una colisión inmediata, de forma que se mitiguen los efectos, son prioridades para el 2011 entre las autoridades y los fabricantes. Como sea, hemos de llegar a los datos envidiables —si es que lo pueden ser— del Reino Unido donde sólo murieron 38 personas por millón. Pero al margen de estadísticas comunitarias, estamos en España. Se bebe mucho, se conduce bastante mal (por que no les enseñan), se sigue sin utilizar en un elevado porcentaje el cinturón de seguridad aunque les parezca mentira y además, tenemos unas infraestructuras demenciales unidas a grandes carencias y problemas de señalización. ¿Quién da más? Aún así, revisen neumáticos y frenos, programen sus desplazamientos sin prisas y piensen que es verano.