CRUZ SIERRA
Más de una semana ha pasado desde la elección de Jorge Alarte y aún no se les ha enfriado el calentón a los perdedores del congreso, a sus poetas mediáticos y a buena parte de los que han pilotado la deriva del PSPV durante los últimos lustros. Por momentos han sido más rigurosos con el nuevo secretario general que con otros adversarios. Alarte ha sido bombardeado desde su elección por el fuego amigo: «Está hipotecado y entregado a sus hipotecas» (¿y quién no?...), «carece de ideología definida» (como Zapatero y Camps, para quienes la demoscopia es su oráculo), «ha traicionado sus orígenes» (¿cuáles?), «no podrá con sus hipotecas» (otra vez las misteriosas hipotecas que nadie desvela), «ha tirado por la borda la tradición» (casi que mejor), «se ha vendido a Ferraz y renunciado a la autonomía del partido» (y lo dicen quienes no movían un papel sin permiso confederal)...
Alarte es un desconocido al que no se le conoce más ideario que ganar elecciones municipales, como otros muchos alcaldes (lo cual no está mal en un partido dirigido hasta ahora por un arcaica nomenclatura desconectada de la calle). El de Alaquàs ha cometido errores, es posible que los esté cometiendo en la actualidad y con toda seguridad tendrá deslices en el futuro, pero ahora es el nuevo líder legítimo y aunque sus adversarios internos tienen derecho a no sentirlo su 'jefe', están obligados a asumir la decisión de la mayoría y no poner palos en las ruedas. Su tiempo ya pasó y no existe una manera perfecta o feliz de efectuar esta transición que tal vez se avecina en el PSPV sin algún trauma y alguna que otra salida de tono. Pero Alarte es y será el responsable último de la orquesta. Y ésta debe estar encaminada a un exclusivo objetivo, el que se marcan los políticos de raza: conseguir el poder. Todo lo demás será perder el tiempo.
Empieza de cero y seguramente desconoce a qué tipo de maquinaria electoral poderosa y perfectamente engrasada se enfrenta y cuyos operarios ya le están preparando varias trampas y un ´traje a medida´ para cuando consideren conveniente ´ponérserlo´. Pero tiene dos años y medio para enterarse bien de lo que quieren de verdad los valencianos. No se despiste el joven candidato: adquirir este conocimiento debe centrar su trabajo en estos dos años y medio, por encima de cualquier otro asunto. Saber qué quiere la gente es imprescindible para llegar a la Generalitat. Pero es un trabajo realmente difícil porque los de Camps ha alcanzado el virtuosismo en el arte de ganar elecciones (ese dueto que rodea al presidente, los hermanos Ana y Narciso Michavila, poseen el secreto de la victoria, tal y como el segundo describe esta semana en el semanario El Boletín). Alarte y su equipo deben superarlos para permitir las vitales rotaciones de poder y que su reinado no termine con una muesca más en la culata de este PP invicto. El alcalde de Alaquàs cuenta con suficiente línea de crédito para mostrar que además de ambición también le sobra seso. Señala un influyente asesor político valenciano que el nuevo líder tiene en sus ojos «el instinto cazador y criminal de los políticos ganadores». Ya se verá.
Ciudad o partido
Rita Barberá es una aventajada ejecutora de esa arrolladora estrategia del PP valenciano consistente en plantear reivindicaciones infinitas a Madrid -nunca lo hizo en tiempo de Aznar- para a continuación culpar a Zapatero de "marginar", "maltratar", "ahogar", "despreciar" (sic) y, finalmente (Ricardo Costa es una joya), de "odiar a la Comunitat". Con ello busca y obtiene respaldo social (es decir, intención de voto) cuando el Gobierno, bastantes problemas tiene, declina naturalmente someterse a la presión táctica del PP local. Dentro esa línea programada de comportamiento entra la llamada de la alcaldesa a las puertas de Moncloa para tratar "diversos temas improrrogables", como el "urgentísimo" soterramiento de las vías de Serrería, una antigua reivindicación ahora activada artificialmente dentro de esa citada estrategia. "Vaya perra que ha cogido Rita con lo del soterramiento" comenta un conocido promotor local. "El ayuntamiento tiene ya en sus arcas desde hace diez años las aportaciones, unos 12 millones de euros, que hemos ido haciendo los promotores de los cuatro PAI de la zona para financiar el soterramiento de las vías. ¿A qué viene ahora este escándalo?". El soterramiento debe ser financiado a partes iguales por los promotores, entre ellos CACSA, y las administraciones públicas, que aún no ha puesto su parte. Si los promotores ya han adelantado su parte y aún faltan las aportaciones municipales, las de la Generalitat, CACSA y la del propio Gobierno para financiar la obra, ¿a qué viene dirigirse sólo a Fomento y en ese tono? ¿Han puesto ya su parte el consistorio, la Generalitat y CACSA? Es más, Rita Barberá cita continuamente al futuro PAI del Grao para justificar la urgencia del soterramiento, pero ¿está convencida de que los promotores tienen intención en estos precisos momentos de ponerse a levantar torres de viviendas y los bancos y cajas de ahorro a financiarlas? Decida la alcaldesa si quiere gobernar la ciudad para todos o cumplir con el partido.