VICENTE AUPÍ
Las golondrinas se marchan en su tradicional migración otoñal hacia lugares más cálidos del sur, los árboles de las cabeceras de los ríos amarillean y los membrillos maduran bajo este sol tibio de octubre. Es el sol del membrillo, que inspiró a Víctor Erice y a Antonio López y que conocen bien las gentes del campo. Sus rayos nos traen, a mitad de camino entre el verano y el solsticio de invierno, las temperaturas más agradables del año, lejos de los cálidos valores estivales que se dan en toda la cuenca mediterránea y de los rigores del invierno en las zonas del interior. En lugares como el parque nacional de Ordesa y los bosques de frondosas de la Península, los contrastes cromáticos aportan ahora uno de los paisajes más bellos que puede encontrarse en plena naturaleza. El otoño también aporta estos matices apacibles en contrapunto a la dureza que le caracteriza tradicionalmente por la recurrencia de los temporales de lluvia en las comunidades mediterráneas.