MARTÍN PACHECO
Uno de los 11 héroes del silencio (tema: Ciudadanía en inglés) habló el domingo en este periódico, eso sí, desde un anonimato blindado: ni el nombre del instituto, ni el nombre del redactor, ni el nombre del profesor: no vaya a ser que Font de Mora le localice. El miedo no le impidió dar un paso al frente con valentía denunciando este «paripé absurdo», pero no a pecho descubierto, y es el miedo legítimo a una sanción lo que le lleva a obedecer desobedeciendo: da la materia en castellano, mientras hace como que silba en inglés. Uno no entiende mucho de heroicidades, ni siquiera tiene clara la tipología del héroe, pero si nos atenemos a los estereotipos vigentes, parece que la entrevista a la primera villana con amenaza de expediente, Cristina Manrique, que este periódico también ofrecía el domingo, aunque en la página de al lado, se ajusta más al modelo: aparecía con foto y nombre y apellidos, trabaja en el instituto de Altea y desobedece al que aquí manda por los mismos motivos por los que el héroe obedece: se opone a este «paripé político». Cristina también tiene miedo y lo confiesa, pero tiene principios y razones superiores que le impiden someterse al impulso de la obediencia ciega. Al héroe que habló le entiendo, a la villana que no se puede callar la admiro. O todo es ya una mierda y da lo mismo matar a Sócrates que no matarlo o la heroína es ella. (Font de Mora debería reflexionar sobre dos hechos al margen: tiene a la tropa acojonada y en contra. Gane o pierda, ha perdido).
- La verdad sea dicha: me gustaría entender/saber algo de economía, aunque sólo fuera para saber qué hacer con los cuatro euros de mis ahorros, aunque sólo fuera para enterarme de si todavía los tengo o si hicieron mutis por el fondo (de inversión). Emergiendo del mar de la ignorancia, uno sólo comprueba obviedades: que a la sacrosanta apropiación privada de las ganancias, en épocas de crisis le sucede la socialización de las pérdidas por la vía del dinero público y la pérdida accidental de sustancia en los ahorros; que a la lenta y escasa aportación contra la pobreza de los pobres le sucede la rápida y suculenta movilización para garantizar la riqueza de los ricos (de todos, dicen y es verdad). Dicen también que llegados a un punto en el desastre poco importan la justicia y la culpa, sino el remedio. ¡Joder! Si se me ocurre una u otra solución, se la cuento.
- Las primeras declaraciones que me llegaron de Jorge Alarte (enhorabuena y suerte), tras ser elegido en el congreso en el que los socialistas estuvieron a punto de confundir el significado con el referente en la cuestión del nombre, fueron aquellas en las que aceptaba la invitación de reunirse con Camps, pero no para apuntarse al carro del «victimismo vacío». La reunión tendrá que esperar: el carro va cuesta abajo y al galope.