A un año tan sólo de su constitución, el presidente Zapatero se ha visto obligado a encarar una amplia remodelación del Gobierno para hacer frente a la crisis económica, que se extiende con toda su crudeza. Zapatero ha reordenado áreas y competencias. El organigrama es nuevo: concentra todos los departamentos en tres macroáreas que dependen de Teresa de la Vega, Manuel Chaves y Elena Salgado. Y reconoce la debilidad de la estructura que diseñó hace un año, por ejemplo al desgajar Universidades de Educación. También asume el error del esquema de escaso peso político que trazó en el que concedía protagonismo al relevo generacional. El nuevo Ejecutivo, con Blanco y Chaves -y Trinidad Jiménez-, recupera, en parte, el esquema de González al dotar de relevancia al PSOE aunque dejando fuera los equilibrios territoriales del partido.
A Chaves le encomienda articular la política territorial y la relación con las autonomías, lo que es un signo de repliegue. Habrá de afrontar el retocado Estatuto de Cataluña, de complicada solución y la nueva situación en el Pais Vasco.
Y Elena Salgado es el recambio de Solbes, la pata del Ejecutivo más expuesta y sensible dada la grave coyuntura económica. Un área que discurrirá pegada a la evolución de la crisis.
El hecho de que salga Solbes, un experto en economía, y entre Salgado, ha abierto dudas en los sectores económicos. Con Solbes se marcha Soria, lo que adelgaza la presencia valenciana de manera sensible. Teresa de la Vega, a partir de hoy, es la única referencia.