Casi sin darle tiempo a coger la cartera ministerial, el conseller de Infraestructuras, Mario Flores, enumeró ya ayer una larguísima retahíla de reclamaciones al nuevo ministro de Fomento, José Blanco, en un ejemplo de lo que se aventura como una acentuación del tono victimista del Ejecutivo autonómico frente al Gobierno central. La excusa en esta ocasión ha sido el ansiado ferrocarril entre Gandia y Dénia, un proyecto que no ha conseguido aún ver la luz tras décadas de reivindicación. Y que, curiosamente, hace años llegó a figurar en los presupuestos de la Generalitat, de los que decayó después para volver a convertirse en objeto de polémica entre las diferentes administraciones que se atribuyen su eventual construcción.
Con todo, la reclamación al Gobierno enarbolada ayer por el conseller choca con la realidad de la política de infraestructuras desarrollada por su departamento, tal como evidencia, por ejemplo, la escasez de inversiones en carreteras de la que Levante-EMV informaba días atrás. Y tras conocerse, con los datos de la patronal de la construcción en la mano, que la licitación de obra pública por parte de la Generalitat ha caído un 54,6% en los meses de enero y febrero en comparación con los mismos meses del año anterior.
De todas formas, el nuevo ministro sí tiene delante una ardua tarea: culminar infraestructuras necesarias, cuando no vitales, para la Comunitat, dilatadas injustificadamente en el tiempo.