E n el año 2000, el PSPV apoyó en las Corts Valencianes la entrada de la Generalitat en el Institut Ramon Llull. El otro día votó junto al PP contra eso mismo: rechazó que la GV se incorpore a la institución, de la que forman parte localidades de la geografía socialista como Morella o Gandia. Votar con el PP es inusual. En este caso, además, resulta muy clarificador. El episodio venía marcado por la lengua y sus derivados, que son los legendarios demonios con rabo de aquí. El PSPV de Alarte y de Luna acaba de brindar un testimonio que rompe con la herencia socialista en ese campo. Para mayor recochineo, sus señorías hubieron de aguantar las proclamas del señor Ferraro, que cerró la sesión en nombre del PP con un alegato contra el imperialismo catalán y una beatificación de ciertos organismos que, en otros tiempos, integraban el sistema nervioso del denominado bunker barraqueta. Hoy no es políticamente correcto bendecirlos así. Cada cosa tiene su época y su lugar. Imagino, sin embargo, algunas de las caras de la bancada socialista transfiguradas en estupefacientes vírgenes románicas. Convendría saber si algún diputado se esfumó de la Cámara —que los habría— para no ser cómplice de la astracanada, incapaz de digerir la tensión intestinal entre tanta ética de la convicción y tanta ética de la responsabilidad. En el ejercicio cohonestable socialista se alegó —alegó Isabel Escudero, dándole la vuelta, sorprendentemente, al calcetín fusteriano de su etapa con Pla— que el asunto se habría de canalizar a través de la AVL, que ya es como Petra, criada para todo. Los efugios pueden ser muy variados y coloristas. Y hasta ridículos. Pero aquí se trataba de elegir entre blanco o negro: de testimoniar una voluntad y de reafirmar un principio. Y no de sortear una dificultad estratégica a costa de algún lance politiquero. Poca broma. El Ramon Llull es —podría serlo— un instrumento sustancial para los escritores valencianos y una plataforma incontestable para la difusión de autores y obras. Una tribuna para acudir a Fráncfort, alimentar los certámenes internacionales y respaldar la literatura de aquí. En la apoteosis de la Fira del Llibre, el regalo del PSPV a la literatura valenciana es caricaturesco. Habrá que constatarlo. Y propagarlo en su justa medida.