CARMEN AMORAGA
Yo tengo poco mundo exterior. Vamos, que he viajado poco. ¿Por qué? Pues porque nunca he tenido un duro y cuando lo he tenido me ha faltado tiempo y cuando me ha sobrado tiempo no he ido bien de dinero y cuando… en fin, podría seguir hasta el infinito, pero para qué aburrirles. El charco lo he cruzado dos veces para ir al mismo sitio. De Europa conozco lo poco que puedes conocer en esos infames viajes organizados que te llevan de acá para allá con cinco minutos para ver cada cosa. España la he pateado gracias a las giras de promoción, a las ferias del libro y demás bolos literarios. Y Valencia, lo mismo. Para compensar, tengo mucho leído. Cultura general, que se dice, y lo que no he encontrado en los libros lo he visto por televisión. Por eso sé cosas tan distintas como que San Francisco es el lugar con la comunidad china más grande del mundo después de la misma China, porque se los llevaron para allá a construir el ferrocarril y cuando terminaron se quedaron, a pesar de que los obreros americanos temían que aquella mano de obra barata les arruinase la vida. Sé, también, que ahí está la comunidad homosexual más activa del planeta, que fue allí donde se gestó el día del orgullo gay aunque la sodomía se consideraba delito en algunos de los estados americanos hasta hace bien poco, y el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, a quien llaman The Gobernator, no es que sea la pera limonera de la defensa de los derechos individuales, ya sea para casarse con alguien del mismo sexo o para fumarse un porrito.
Estados Unidos se conoce que es así, un país de contrastes, un país en el que lo mismo te aconsejan abstinencia para evitar embarazos y enfermedades sexuales (como acaba de hacer la hija adolescente de Sarah Pallin pasando por alto el hecho de que ella misma acaba de tener un hijo con un compañero de instituto) que te organizan una competición para ver quién aguanta más tiempo masturbándose. Esto, el concurso de las pajillas, lo celebraron el sábado pasado en San Francisco y dicen que participaron cientos de personas llegadas del mundo entero para batir el récord de un japonés que el año pasado se tiró nueve horas y media compitiendo sin parar y que este año volvió a ganar. Este japonés, que es dueño de una empresa de juguetes sexuales y que asegura entrenarse concienzudamente para ganar año tras año, dijo que el secreto estaba en no tener prisa y en controlar la respiración. O a lo mejor no lo dijo él, ahora no lo recuerdo. Lo que sí es seguro es que el campeón se puso poético y dijo que el onanismo es la mejor forma de conectar con el interior de uno mismo (lo juro, lo dijo) y, además, se declaró defensor a ultranza de esta práctica porque, dijo, es la manera más segura de practicar sexo. Esto es lo que menos comprendo de un país como ése: que de alguna manera el japonés pajillero y los suyos estén tan cerca de alguien aparentemente tan alejado de él como la hija de la Pallin y los que van tras ella. Igual de tener algo más de mundo, no me sorprendería tanto.