MALDEOJOS

Historias de mi marido

 20:25  

CIPRIANO TORRES Somos muy apasionales. Lo siento, apasionales no existe en español, pero se entiende si quien habla e hipa en un momento de dolor y gloria televisiva es Belén Esteban, y no iba a ponerme quisquilloso y llamar corriendo al programa para cortarle el rollo a la excelente narradora. Si ustedes no se han enterado de nada, no han visto un solo plano de la estrella, no les ha llegado el rumor de que salió en La noria y compartió su inmenso dolor con el público que tanto la entiende, tienen que mirárselo porque estoy convencido de que hasta Mariano Rajoy, el hombre medio, tiene opinión al respecto. O viven como un himba en los andurriales de Namibia y si saben que existe la televisión es porque Cuatro aterrizó con un cargamento de raros hombres manejando artilugios para una cosa llamada Perdidos en la tribu. Belén Esteban es simple y lista. Vive, muy bien, como narradora de su propia vida, y contada tal como ocurren las cosas, en directo. Le mandé a mi marido las maletas en un taxis —es de Madrid, y en Madrid el taxi es taxis—, nunca ha dado la cara por mí, y eso me duele, dijeron que había abortado, y jamás me defendió, no puedo entender que por un negocio nuestro matrimonio se haya ido a la borda —vale, qué más da a la borda que por la borda—, y en un par de maletas se haya terminado todo —reconocerán el poder de esa imagen, en un par de maletas se ha terminado todo. No, mi marido no me está viendo ahora, o sea, jamás me ve, o sea, mi marido en cuanto me ve en la tele cambia de cadena, o sea, yo me separo de mi marido enamorada, muy enamorada, y jamás pensé que pudiera quererle tanto, claro que sabía que era mileurista, y qué, sigo sabiéndolo, pero me volvería a casar con él.
Desconozco lo que Arriba la Esteban ha cobrado por su paso por La noria para eso, para confirmar que su matrimonio se fue en un par de maletas enviadas en un taxi contado por ella misma en un ir y venir de lágrimas y moquillo ante un público atónito y una audiencia sobrecogida por el drama. Hasta Ana Rosa Quintana aseguró esta semana en las distintas ocasiones en que se ha estudiado desde todos los ángulos la trascendencia de noticia tan nutritiva para el hígado que había llorado un poquito viendo a su ex, porque esa es otra, cuando la Esteban rompe, rompe hasta con AR. Se va al invento de las tardes de Telecinco para hablar de la expulsión de Juan el Golosina, y con un sueldo que ni la acaudalada presentadora podía igualar. Cuando los matrimonios descuidan el catre y se fijan en lo que cuesta el catre, en lo que cuesta el pan, y en la factura del teléfono, y se echan en cara que tú pones más que yo, y que yo no puedo más, el asunto se resquebraja. No importa. Si no eres Belén Esteban para liberarte en La noria, una buena salida para repartir la miseria puede ser la que oferta Sandra Barneda en la misma cadena, que esta semana abría oficina con letrados al servicio de De buena ley. Gustavo Larraz oye a las partes, se retira, y vuelve con el veredicto. A mí lo que más me pone son las peleas entre suegras y nueras, que forman algo así como matrimonios nacidos para la televisión.
Y por supuesto, una opción intermedia es El diario. A Sandra Daviú le cuenta Mari Ángeles que quiere pedirle matrimonio a Pastora, pero Juani, su hermana, tiene la lengua afilada, y habla mal por las esquinas de Mari Ángeles. Cuando se encuentran, sorprendidas de verse en el sofá verde del plató, la Juani estira el cuello como una jirafa, ladea la cabeza hacia los rincones para no ver a la pretendienta de Pastora, y asegura que si llega a saber que se la iba a encontrar no hubiera acudido al programa. Pastora, cabizbaja, recibe por los dos lados, por el izquierdo, el fuego de su hermana, por el derecho, el fuego de su ex amante que viene a pedirle casamiento. Sandra, enfrente, maneja fichas tan bien ordenadas que en apenas tres preguntas las incautas invitadas han caído en la trampa. Se les dijo que iban a una cosa y fíjate, están hablando de que el amor está por encima de manipuladoras natas —Juani— y de ingenuas que se dejan guiar sin oír su corazón —Pastora. Como Sandra Daviú recibe a media España acabo con buen sabor de boca. Te quiero, chocho, le dijo Joaquín a su pareja, Rosa, que se puso colorada porque en ese chocho reconoció palabras de ternura dichas en casa cuando, tal vez, ella hace la tortilla de la cena y él abre la nevera para partir la lechuga de la ensalada. Se fundieron en un beso de tornillo y sí, le dieron una tregua al amor superado el bache, por supuesto con una cámara enfrente, ante media España, como dijo Joaquín.
Pero de todas las historias de matrimonios la que más me excita es la del recauchutado fantoche Silvio Berlusconi y Veronica Lario, historia que salta a las tertulias políticas de todas las cadenas porque «la señora», en palabras envenenadas de su cantarín, zumbado, y esperpéntico picha brava, ha pedido el divorcio del «emperador», en palabras de una mujer que está hasta el flequillo de las gansadas del fogoso presidente italiano, que se pirra por las coristas, se supone que de virgo oferente. Pero el tipejo piensa en los demás, y a un puñado de ellas quiere presentarlas a las elecciones europeas por su partido. Vista la historia desde aquí, con la repugnancia adecuada, lo que sorprende y duele es que esa forma de hacer política y negocio no escandalice en Italia, que ríe las gracias del charlatán, defensor a ultranza de la «familia natural» de profundísimas raíces cristianas. Todo encaja. El gran capo ha puesto a todas sus televisiones en marcha contra Veronica, convertida en lideresa de la desnortada oposición y en zorra roja por izquierdista radical. José Luis Moreno, con el radar puesto para recoger la pringue que necesitan sus matrimonios cochambrosos, tiene un filón en esa pareja. También Íker Jiménez, a poco que se esforzara, podría descorrer la cortina y convertir la pelusilla bajo la cama de Berlusconi en material de Cuarto milenio. No hay nada como una mujer que decide, en una televisión, abrir la boca mientras ordena que en un par de maletas un taxi se lleve las cosas del marido. Dejemos para luego lo de Lidia Bosch y su santo esposo, Alberto Martín. Esa tela de matrimonio es más delicada.

Alternativa
Los magacines de la mañana oscilan entre el mercadeo sensacionalista y la simpleza monjil, cansina y sin chispa que ofrece Inma Galván en La 1, que ni siquiera aparece en los listados de audiencia. Quien de verdad parte el bacalao sobre las trece horas es un tipo simpático, Jorge Fernández, con una alternativa clásica, «La ruleta de la suerte». Es un entretenimiento sin sobresaltos que convierte a Antena 3 en líder en ese momento.

  HEMEROTECA

  Viñetas de Raúl Salazar

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  El humor gráfico de Ortifus

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