ALBERT CANO
Uno de los peores errores a la hora de solucionar un problema es «hacerse trampas al solitario». Es decir, ante una dificultad, engañarse a sí mismo con la intención de retrasar la resolución del conflicto (esperando que lo haga por sí solo) y/o buscando objetivos poco confesables. Aquí somos especialistas en ello. Veamos.
Hace unos días, el socialista Patxi López se convirtió en lehendakari sin ganar las elecciones. Con la ley en la mano, no hay objeciones. Sin embargo, chirría que López sea presidente con los votos del partido que es su gran adversario en el resto de España. O que, debido a la Ley de Partidos, 100.000 electores se inclinaran por el voto nulo, porque la formación que les representaba fue ilegalizada.
Un diario tan moderado como La Vanguardia realizó una simulación: daba como resultado que, si los votos nulos hubieran tenido representación, la mayoría PSE-PP no hubiera sido tal. Otra cosa es que sea saludable desalojar del poder a un partido que lo ocupó durante 30 años o que algunos sientan como una reparación que políticos con escolta gobiernen. Pero está claro que López no tiene una mayoría real que le respalde y, eso, condiciona su trabajo.
Esta actitud no se limita a los políticos. Por ejemplo, las entidades financieras han publicado sus cuentas y pregonan que, aunque la morosidad crece, se ha frenado. El problema es que, a diferencia de los anglosajones (que han aflorado pérdidas con rapidez), aquí bancos y cajas se quedan con pisos de sus clientes deudores, para que la mora no aparezca en sus balances. Pero, ¿y si, como dicen organismos externos, nuestra economía no mejora hasta 2012? ¿Pedirán al contribuyente que les salvemos el c…, como demandan los constructores a la administración, para que les compren pisos y los conviertan en vivienda protegida? Pues sí, es lo que hay.