Imputados Camps y afines, los suyos han salido al ataque. Alguno hay que ha acusado a la oposición de no tener otro objetivo que el de «erosionar de manera carroñera al presidente». A veces, las metáforas las carga el diablo y queriendo el miembro del partido (que no sé quien es, porque yo la radio la oigo, pero apenas la escucho) despreciar la actuación de la oposición, le ha salido, sin embargo y por la culata, un buen insulto a su presidente al que considera ya difunto y en estado de putrefacción. Al Sepulturero Camps, le crecen los Ataúd Jonson, que diría Ch. Himes. Por cierto, en la misma emisora, e inmediatamente a continuación, hablaba otro miembro del partido exigiendo la dimisión de Alarte, no se sabe si por aquello de establecer paralelismos o analogías sorprendentes o por enchufar el ventilador ahora que llega el buen tiempo. Inmediatamente después de la apología de Sócrates, digo de Camps, el «hombre más justo de su tiempo», y la filípica contra Alarte, en la misma emisora y a continuación, otro miembro del partido arremetía contra el proyecto de Ley de Interrupción voluntaria del Embarazo que tramita el gobierno. En fin, yo no sé qué emisora sería esa que el chófer tenía sintonizada, pero esas voces parecían ecos acompañando a las sombras que desfilaban tras la ventanilla del taxi. Sólo faltaba que terminaran como aquel demiurgo del telediario que después de aderezar la paella de la realidad, sentenciaba: así son las cosas y así se las hemos contado. ¡Buen provecho y cuidado con los huesos!
Por cierto, y hablando del proyecto de ley mencionado que el consejo de ministros ha puesto en marcha: uno entiende, aunque no comparta, los argumentos de la minoría antiabortista, su oposición frontal a la ley vigente y a la que está por venir. Incluso entendería que fueran coherentes con las posturas que defienden. Pero no acaba uno de entender el punto de vista del gobierno valenciano que, a río revuelto y no estando en contra de la ley vigente, se opone al nuevo proyecto que la mejora. ¡Ganancia de pescadores! Es evidente, me refiero a la evidencia de los hechos, que al derecho de la mujer a la interrupción voluntaria del embarazo le faltaban garantías: una voluntad libre no puede estar tutelada por la decisión previa de un juez, o un médico, o un psicólogo, o unos padres. Cuando dicen: «A mí no me parece bien que una joven de 16 años pueda abortar sin permiso de los padres», ¿cuál sería la alternativa correcta? ¿Qué abortara si sus padres le dan permiso o que fuera madre apodíctica si sus padres no le dan permiso? Lo dejo aquí porque me enfado.
3Entre nosotros, ¡qué raro es lo normal y qué normales son los raritos! Ahora mismo no sé si lo digo por el encuentro Barça-Athletic o por el Camps-Montilla.