La jueza que ha ordenado suspender de sueldo y de funciones al tránsfuga de Silla ha venido a reconfortarnos a todos, a aliviar en alguna medida los agravios que infringen estos personajes a los ayuntamientos o las corporaciones de las que forman parte cada vez que, por caprichos o por las razones que sean, burlan los fundamentos de la democracia. La decisión de la magistrada es ejemplarizante. Los tránsfugas deberían estar en su casa, como ha dicho el auto judicial, sin ver ni un duro y sin enredar, antes que dar su voto al partido que le resulte más conveniente. Lástima que no pueda arrebatarle, arrancarle de las manos, el acta de concejal y mandarlo, a él y a todos los demás, a su casa. Debería haber también, por encima de esos pactos que nunca se cumplen, una condena judicial para los partidos que acogen a los tránsfugas en su seno para su propio beneficio, contribuyendo así a desvirtuar las reglas de juego en una burla intolerable.