La gran mentira del cambio climático, el despido libre, los homosexuales como enfermos, la única y verdadera religión, la terrible invasión de los inmigrantes, la sanidad como negocio privado. ¿A quién recuerda todo esto sin necesidad de que el columnista escriba ni un solo nombre? Hagamos un ejercicio de memoria. En los programas de variedades se habla de todo en secuencias separadas, desde el lío entre Alejandro Lecquio y Lucía Lapiedra, esposa de Pipi Estrada, al quiebro del culebrón en que la justicia, los padres, y los medios han convertido el caso de Marta del Castillo, o de política. Todo cabe. Todo se convierte en forraje para el monstruo. El sumario quiso que después del vídeo del PSOE, instalado ya en el primer lugar de la lista de éxitos, sacaran a José María Aznar, y justo en el tono destroyer del vídeo. Por qué la caricatura de la derecha que hacen los creativos al servicio de los socialistas molesta más que la realidad del pensamiento de sus líderes, que a veces dicen lo mismo que dice el vídeo, recordemos a Camps, Aguirre, Mayor, Rajoy. Es decir, si la exageración extrema se considera caricatura debemos poner el oído en quienes hacen de la exageración permanente su propia caricatura, España se rompe, las niñas denunciarán a los padres cuando éstos no las dejen abortar, el matrimonio sólo puede ser entre hombres y mujeres, Zapatero hace más caso a ETA que a las víctimas. ¿Qué es más alarmante, la realidad caricaturizada o la recreación de la caricatura en un vídeo enmarcado en el espíritu exagerado y sin matices de una campaña electoral? Los ciudadanos, y supongo que en las urnas, pondrán a cada cual en su sitio. La fiesta —¿europea?— ha comenzado.