Hasta un 200% más de concursos de acreedores han llegado hasta los juzgados de la Comunitat Valenciana en el transcurso del año 2008 con respecto al anterior, una buena muestra y una buena prueba de que la crisis no es una cuestión meramente de noticias más o menos impactantes o de números más o menos vertiginosos. La crisis no es un recurso para tertulianos mañaneros, ni un gancho para recoger encuestas callejeras. La gente pasa penurias económicas y hasta muchos tienen problemas para conseguir el pan de cada día. El balance del Tribunal Superior de Justicia de la CV de los asuntos que tienen relación con la depresión económica refleja también el incremento en un 34% de despidos y de un 42% de impagados. Temas todos que el TSJ ha de resolver con una celeridad adecuada y con una certeza necesaria. Pero no hay medios. El desbordamiento de temas es tal, que hasta los propios magistrados actúan, como desvelaba el presidente del órgano judicial, con miedo a la hora de resolver por si cometen un error «en los 150 asuntos diarios que tienen que firmar». Aunque pudiera parecer baladí, el detalle es crucial puesto que afecta a vidas y haciendas de muchas personas, que llegan hasta las salas vapuleadas por un destino adverso, con las arcas vacías y con la única esperanza, perdida la de las leyes del mercado, de encontrar auxilio en la justicia, con lo cual el ciclo termina de una forma incierta. Pedir una vez más, por tanto, que se invierta en la administración de la justicia, que se orillen los resquemores políticos y que se provea a la Comunitat Valenciana de más jueces y juzgados se hace ahora más apremiante.