A veces, los responsables de las cosas resultan invisibles, no hay manera de materializarlos, de hacerlos palpables.
Estaba escribiendo un correo emocionado, de esos que van saliendo de las entrañas, como diría un poeta, cargadito de ternuras, cuando se va la luz. Ha sido un segundo, algo inapreciable en otras circunstancias, pero que el ordenador, implacable, sensible hasta la médula, ha percibido fundiendo la pantalla en un negro deprimente. Todos mis sentimientos se desvanecen por el desagüe del corte de fluido eléctrico. Mi enemigo, permanece invisible, no sé quién demonios ha apretado el botón maldito y ha borrado de golpe toda mi inspiración afectiva. Ya sé, puedo escribir otro, pero el cabreo que me corroe no ha dejado ni rastro de sensibilidad. Y no cabe indemnización alguna; me he quedado mudo delante de la pantalla que pestañea. Sin solución.
Estoy manteniendo una animada conversación con el móvil, algo de verdad importante, sea amoroso o no, que tanto da; dejo un pequeño silencio mientras medito mi siguiente frase y se produce otro tipo de apagón, llámale falta de cobertura, llámale se ha cortado. Al momento estoy hablando al vacío con cara de interés manifiesto. Y lo peor es que no me doy cuenta de que al otro lado, sea donde sea, no hay nadie. Mi enemigo invisible ha interferido en las ondas y yo con aspecto de derrota. Tampoco cabe reclamación.
Pero aún hay más, no crean, también aparecen otros enemigos invisibles envueltos de expedientes, de sentencias retrasadas hasta la injusticia, de trámites imposibles, de obras eternas injustificadas, de corruptelas inconfesables que nunca verán la luz, de comisiones bancarias abusivas o de adjudicaciones tenebrosas. También de tramados jurídicos que solo buscan retrasar lo evidente, también de frases parecidas a «siempre ha sido así», que quiere decir nadie ha vuelto a pensar en ello desde siglos. Son enemigos invisibles, nadie les ve, están en la última fila, dormitando tan a gusto. Son invisibles, pero existen.
Seguramente, democracia es visibilidad. Dejar los personajes invisibles para los cuentos y las historias de antes de dormir, y poner en primer plano de verdad las responsabilidades y los responsables, las explicaciones y las causas de tantas cosas que ocurren, pero nadie quiere darnos razón alguna.