Malos tiempos, también, para la obra pública. El principal motor de la activación económica que tiene en sus manos la Administración pública tiene serios problemas. El Consell ha perdido en muchos casos credibilidad a la hora de realizar los pagos a las empresas. Sin ir más lejos, Levante-EMV revelaba recientemente que, pese a estar adjudicadas desde 2007 dos autovías, no se han empezado las obras. Es dramático no sólo desde un punto de vista político que llegue a esos extremos sino también que la generación de empleo y de riqueza se resienta directamente con esta falta de confianza. No funciona, definitivamente, la colaboración de la iniciativa pública con la privada: lo dice la Cámara de Contratistas de la CV y también la OCDE; todo lo contrario a lo que ocurre en otros países, como la República Checa, Austria, Irlanda o Bélgica. Con estos antecedentes, el paso que dio hace unos meses la Conselleria de Infraestructuras para atraer el interés de las empresas constructoras o concesionarias para construir dos autopistas de peaje, de Valencia a Requena y de Alicante a Caudete, ha resultado estéril. Ninguna empresa valenciana, grande o pequeña, ha llamado a las puertas de la conselleria para interesarse por ese proyecto. El Consell deberá, pues, revisar su propuesta ya que pretende que la empresa privada corra con todo el gasto, cuando las normas de las Redes Transeuropeas de Transporte imponen la cooperación.