Llevo varios días sin prestar atención a las tertulias políticas de la mañana. Especifico porque las de la noche, salvo la de Vicente Vallés en el canal 24H de TVE, es una de indios, territorio comanche, una cita para pillines que pasan de equilibrios ideológicos y ni siquiera guardan las apariencias porque a sus feligreses no les importa. Las pantallas de TDT a esas horas son un hervidero de cuenta chistes contra Zapatero. Para pasar un rato están bien, pero como el cartel es igual una noche y otra, es aburrido. En estos días descubre uno lo que ya sabía. Uno, que se puede vivir sin saber lo que piensa del mundo Fernando Rojo. Y dos, que los tertulianos políticos son como los de la prensa caníbal, es decir, que también se puede acabar el día sin haber consultado con el oráculo de Jesús Mariñas para ver cómo va el asunto de Lidia Bosch.
También comprueba uno esos paralelismos en los asuntos que abordan unos periodistas y lo que sea que haya que llamar a los otros. En mi ignorancia pensaba que el romance fallido entre Falete e Isaac Roche ya estaba más que amortizado por ambas partes y las navajas se habían guardado por cansinas. Pues no.
Al año de la ruptura aún no había hablado la mamá del artista, Isabel Rojas. Hace unas horas que lo ha hecho, es decir, de nuevo ha puesto en marcha la máquina. Del mismo modo, escucho que de nuevo se habla de un tal Luis Bárcenas y que de nuevo Mariano Rajoy lo defiende a muerte. Hace bien el líder del PP, defender a muerte a sus muertos. ¿Quién es Luis Bárcenas, por qué no defenderlo, qué importa que haya indicios de corrupción? Al votante fiel no le afecta. A la audiencia media, tampoco. Falete y Bárcenas son carne televisiva.