El presidente del Valencia CF, Manuel Llorente, no sabía qué decir. No lo tenía muy preparado, no sabía cómo mentir, no sabía cómo eludir el asunto ni resumir la conversación que tuvo toda su directiva con el valencianista, el otro presidente, el presidente Camps. A Llorente y a los suyos los han recibido en seguida. A su predecesor, Vicente Soriano, le tocó llamar y llamar a la puerta unas cuantas veces. En la del Palau y en la del Ayuntamiento de Valencia. Así es que Llorente no puede quejarse. Eso sí, se lo han hecho ver clarito y ha quedado convencido: el estadio es cosa del Valencia. Todo lo contrario de lo que dijo la semana pasada de que lo que aportará el nuevo Mestalla a la ciudad no lo podía asumir solo el club.