Creo que hay pocas dudas de que la situación actual en Valencia favorece al PP y a Xavi Castillo. Son muchos los que le han recomendado al bufón alcoyano que no sea tan bestia, que afine las cuerdas o se deje polinizar por guionistas de amplio espectro, pero él ha seguido ahí, tan bestia como siempre, aclamado por las multitudes y reventando taquillas ¿Para qué cambiar? Aunque sólo somos grandes en la feroz percepción de nuestros caricaturistas, el PPCV —ganador absoluto, etc...— no tiene, realmente, motivos para preocuparse: enfrente, aún no tiene a nadie, como Felipe en tiempos de aquel andaluz del PP que se peinaba como un pollastret americà, sí hombre, el Hernández Mancha. Al PPCV le va todo tan bien que no se sentirá llamado a cambiar y entonces…
Leo un panfleto —muy bien hecho— de los socialistas de Paiporta que critica severamente Nou Mil·leni, el monstruo urbanístico catarrojí que, en efecto, tiene nombre de apocalipsis y que, por suerte, aún no se ha ejecutado, donde habrán de lavarse los pies con agua mineral, y Viña Rock, un tenderete local cuyo coste se multiplicó veinte veces en un municipio cuyas únicos viñedos son el vino embotellado en los estantes de Mercadona. El evento como opiáceo.
Otro ejemplo: el agua. El conseller García Antón sigue abonado a la matraca, a saber que Zapatero «derogaba por derogar», como si catalanes y aragoneses estuvieran encantados con el trasvase del Ebro. Naturalmente, se abona a la teoría de la conspiración y ve en el reciente acto en Talavera de la Reina contra el trasvase Tajo-Segura «a los mismos grupos que apoyaron la derogación del trasvase del Ebro», sin duda con la voluntad de que pensemos en Esquerra Republicana, pero quienes sostenían la negación del agua en Talavera eran, entre otros, los dirigentes manchegos del PP. No sé qué hará el señor García Antón, pero yo iría reclamando el agua precisa aunque sea de desaladora, no vaya a faltarme incluso ésa.